Mis viajes en el tiempo: a 50 años del Golpe de Estado en Chile

Aviones Hawker Hunter, bombarderos en Chile.

El 11 de septiembre de 1973 fue bombardeado el Palacio de la Moneda, la casa del Gobierno Nacional de Chile. Los responsables fueron los altos mandos de las fuerzas militares de ese país, impulsados por una ideología contrapuesta a la del presidente de turno, el comunista Salvador Allende. Por eso, hoy, a 50 años de aquel acontecimiento, es preciso describir mi experiencia. Porque, una vez, hace algunos años, tomé la decisión de utilizar mi Nave Fuera de Tiempo (NFT) para presenciar las acciones de aquel día. Por cuestiones del azar -saben que no puedo elegir un momento ni un lugar preciso en mis viajes en el tiempo- mi aparición se dio en uno de los aviones que dejaron caer las bombas que desataron el caos.

Como expliqué en mi viaje hacia la muerte de Rasputín, el traslado espacio-temporal fue, otra vez, muy rápido. De un instante hacia el otro había abandonado la comodidad de mi cama, en la oscuridad de mi cuarto, y me había trasladado al gélido suelo de un avión. Al tomar conciencia en este nuevo escenario, primero analicé el sonido, y luego lo que veía. Es que un ruido ensordecedor hacía vibrar mis tímpanos, un ruido que solo relacionaba con el de los aviones cuando están despegando. Solo que, en ese caso, estábamos en el aire. Desde luego, y ya describiendo lo que mis ojos veían, aquel avión no era comercial. No se trataba de un vuelo amistoso -si se me permite el término-. Las vestimentas de los hombres que estaban a mi alrededor me contaban que se trataba de un avión militar. La leyenda de «FACh» (Fuerza Armada Chilena) me puso en contexto. Pero terminé de entender todo cuando escuché a uno de los soldados decir «Acabaremos con el yugo comunista«. En ese momento supe dónde estaba. Y, mejor aún, supe cuándo estaba. Aunque todo cobró sentido cuando pude mirar a través del vidrio frontal de la nave, y reconocer el Palacio de la Moneda, sobre todo, por la gran bandera de Chile que flameaba en su fachada. Era el Golpe de Estado en Chile.

Algunos ruidos de apertura de compuertas, y de mecanismos activando y desactivándose, me pusieron al corriente de que se estaban dejando caer las bombas. En un segundo pasaron por mi mente todos los libros, autores y frases que he estudiado sobre la historia latinoamericana y, más precisamente, sobre aquellos nefastos años ’70. El destino había querido que mi NFT me llevara hasta ese momento. Y, al esconder mi cabeza entre las mantas verdes que me camuflaban en la escena, pasé mi vista por una de las paredes internas de la aeronave, en donde pude leer el número «731». Fue lo último que registré de aquel suceso. La cruenta realidad que, sabía, estaba comenzando para los chilenos, me empujó a cerrar fuertemente mis ojos y a devolverme al presente. Volví a abrir mis ojos y allí estaba, en la penumbra de mi cuarto. Agitado, nervioso y sudado.

Matrícula 731 el Hawker Hunter

Si bien, el Golpe de Estado en Chile fue perpetuado por la Armada, Carabineros y el Ejército; la parte más protagónica se la llevó la FACh. Unas 30 unidades de aviones Hawker Hunter ingleses habían llegado, en años anteriores, a las diferentes bases, a lo largo de todo Chile. Una de ellas tenía el número de matrícula «731». El mismo número que yo reconocí antes de volver de mi experiencia temporal. Entonces, al regresar, aquella noche en mi casa, puse a trabajar mi memoria. Sabía que podía encontrar alguna conexión entre aquel número y mis experiencias en el presente. Pero fue en vano, no hallaba relación alguna.

Los 30 aviones que llegaron desde Inglaterra a Chile.

Entonces, al otro día, al despertar, me dirigí hacia la base aérea de Cerrillos, que funcionó como aeropuerto hasta el año 2006, y que suelo visitar frecuentemente, porque allí funciona el Centro Nacional de Arte. No obstante, todavía guarda algunos recuerdos de aquel Golpe de Estado en Chile. Al llegar, lo entendí todo. Un enorme avión, Hawker Hunter está exhibido en este lugar. Entonces reconocí que era el mismo en el que había esta yo en mi viaje en el tiempo. Pude confirmarlo al acercarme y leer el «731» sobre su cola.

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