Lluvia de estrellas

En un lapso más o menos breve hemos visto sufrir caídas en el escenario a grandes figuras de la canción que rondan las siete décadas de vida. Joaquín Sabina. Rod Stewart. Bruce Springsteen. Algunos han detectado una supuesta carga simbólica en tales tropiezos. Por una parte, el aviso de que se va una generación de artistas del mundo occidental (siempre es bueno poner un límite a las hipótesis) y por otra la insinuación de que a esa edad se siguen programando giras y conciertos porque no se es lo suficientemente solvente como para quitarse de arriba el rigor de tantas presentaciones.

Para no abarcar demasiado, en los ámbitos anglosajón e hispanoamericano hay más de dos artistas que han anunciado sus respectivos tours de despedida; otros los han culminado recientemente, si bien aseguran que seguirán componiendo. Elton John (nacido en 1947), Joan Manuel Serrat (1943), Raphael (1943), Silvio Rodríguez (1946), Billy Joel (1949), Ana Belén (1951), Víctor Manuel (1947), Bob Dylan (1941) y Barbra Streisand (1942) y solo a modo de ejemplo, avizoran por lógica de la biología el fin de sus carreras. Algunos ya las han atemperado. Otros sienten que aún les sobra vitalidad. Otros, efectivamente, puede que necesiten seguir facturando. ¿No es lo que dicen las malas lenguas sobre Robert De Niro en el vecino entorno del cine?

SI EN EL CORAZÓN VIBRA LA ILUSIÓN…

Dicho con tres gotas de socarronería: los viejos no siempre giran por necesidad. Prácticamente sin salir de los escenarios se han muerto Tina Turner y Pablo Milanés. Los Rolling Stones acaban de anunciar la publicación de Hackney Diamonds, un álbum de estudio con canciones originales y con el que podrán celebrar los 80 años de Mick Jagger. Hacen mal quienes tachan de mal gusto la posibilidad ―y el derecho― de ser artistas hasta la muerte.

 

Este comentario no es un canto de cisne en nombre de otros. Admitida cierta dosis de nostalgia por una calidad musical a la que ahora mismo no le sobran sustitutos, es justo admitir además que el devenir ―Hegel dixit― es inevitable. Pero la generación musical enmarcada entre los 70 y los 80 años de edad ha puesto la meta bien lejos. Son los testigos (y los protagonistas) del mayo del 68, del mítico festival de Woodstock en 1969, de la guerra de Vietnam y su repercusión en el movimiento hippie, y de la Movida madrileña.

Han sido músicos a rajatabla, están entrenados para batirse con toda una orquesta y no con previsibles backgrounds de dos compases.  Así que no demos sus trabajos actuales por sobras del gran banquete que fueron sus carreras. Escuchemos Hackney Diamonds con atención. Tal vez los viejitos nos sorprendan.   

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *