Sobre el miedo en Cape Fear

Ahora que Martin Scorsese vuelve a ser noticia gracias a Killers of the Flower Moon (Los asesinos de la luna), hablemos de otro clásico suyo. En propiedad y para ser justos, Scorsese siempre es noticia, y el hecho de ser perseguido por los reflectores no es a causa de la frivolidad. Pareciera un conservador al atacar a la productora Marvel, pero razones le sobran. Por demás, apuntala sus ideas con razones incontestables, esto es con películas que ya quisieran los señores de Marvel haber concebido. Cape Fear, por ejemplo.

En el ya lejano año del Señor de 1991 Martin Scorsese estrenó Cape Fear, un remake o versión de una película homónima de 1962. Para superar a su antecesora, que contaba con estrellas como Gregory Peck y Robert Mitchum, Scorsese convocó a Robert De Niro, Jessica Lange y Nick Nolte. Su Cape Fear sería, si cabe, más aterrador que el de treinta años atrás, pues él se disponía a subrayar dos detalles que a De Niro se le dan a la perfección: cinismo y sangre fría.

TERROR EN CAPE FEAR

Repasemos el argumento. Un delincuente recién liberado busca al abogado que lo defendió por un delito de agresiones. Ha descubierto que el letrado no hizo lo necesario para conseguir su indulto y ahora pretende acosarlo. Y sí que lo acosa. Y de manera tan despiadada que el mismísimo Steven Spielberg rechazó involucrarse en esta versión de Cape Fear. Más dado a la parábola, Spielberg se desmarcaba de una carga de violencia que no asustó a Scorsese.

Con mucho del cine de Alfred Hitchcock, incluidos algunos encuadres y efectos lumínicos, la versión de Martin Scorsese no pretende eludir los lugares comunes del género. Hará hincapié en el suspense sin reparar en que algunas escenas serán previstas de inmediato por el espectador. Recurrirá al ensañamiento y la impunidad del asesino encarnado por Robert De Niro todo lo que le sea posible, pues el final feliz está garantizado.

Cartel de la versión de 1962.

Digo feliz y me sabe a insolencia, pero al menos es un final de alivio. Es además lo único que un director como Martin Scorsese no le negaría a su audiencia. La redundancia del malo que poco antes de los créditos de la película recibe un castigo demoledor es uno de los mayores atractivos del cine de acción. Es un pacto con el espectador que nadie en su sano juicio violaría. Para violador, el personaje de Robert De Niro, que muere ahogado en el mar nocturno frente a Cape Fear, el Cabo del Miedo.

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