La diferencia entre depresión y cansancio mental

El cansancio mental es un síntoma que hemos experimentado todos en alguna ocasión. Épocas en las que se acumulan los problemas o el trabajo es estresante. Puede llegar un momento en el que nuestra mente nos exija parar. De repente todo nos irrita, tenemos problemas para concentrarnos y hasta es posible que empecemos a ser muy negativos respecto a nuestra visión del mundo. Solo queremos dormir o evadirnos con cualquier actividad banal con tal de no pensar en lo que deberíamos.

Es posible que volvamos a estar bien simplemente descansado durante un tiempo, haciendo algún tipo de relajación o resolviendo lo mejor posible las situaciones que nos atormentan. Sin embargo, también puede ser que ese cansancio signifique que nos está sucediendo algo más grave que no debemos pasar por alto, nos referimos a la tan temida depresión. Stefany Estévez, nuestra psicóloga sanitaria de cabecera, una vez más acude a nuestra llamada para enseñarnos la diferencia entre el cansancio mental y la depresión.

«Aunque alguien que esté cansado a nivel mental seguramente no tendrá ganas de realizar muchas actividades agradables, el motivo principal será la falta de energía, la fatiga. En cambio, en un caso de depresión la razón de que quien la padece deje de salir, socializar, disfrutar de su tiempo de ocio, etc. es que no tiene motivación para ello»

¿Qué síntomas físicos y psicológicos comparten la depresión y el cansancio mental?

Pues la verdad es que tienen algunos síntomas en común, a pesar de que son condiciones distintas. Para empezar, el cansancio mental se debe normalmente a una sobrecarga que puede tener su origen en diferentes ámbitos: el trabajo, la familia, la pareja, la casa…

Todo eso puede provocar que el nivel de estrés sea tan elevado, que terminemos sintiéndonos faltos de energía a nivel psicológico, lo cual muchas veces lleva aparejado que la persona no pueda descansar en condiciones y tenga problemas para conciliar el sueño. Es probable, que alguien fatigado psicológicamente se despierte por la mañana y no tenga ganas de levantarse de la cama porque sus responsabilidades diarias se le hacen un mundo y no se siente con la energía necesaria para afrontarlas.

También puede pasar que le cueste concentrarse en lo que hace y que deje de realizar actividades que le gustaban a causa del cansancio mental y físico, hecho que probablemente afectará a su estado de ánimo y se notará más triste, irritable, frustrado o desanimado que de normal. Lo que pasa es que ahí no estaríamos hablando de una depresión, al menos no todavía. Sentirnos abrumados por una situación o varias que nos fatigan mentalmente y nos generan insomnio podría llevar a pensar a algunas personas que tienen un comienzo de depresión, pero seguramente en caso de que puedan tomarse un descanso y fomentar hábitos que mejoren su higiene de sueño, empezarán a mejorar su sintomatología y poco a poco irán recuperando la calma y las ganas de hacer actividades. Es decir, existe una causa muy concreta que genera la fatiga mental del sujeto.

Cuando esas circunstancias cambian, su estado de ánimo y su bienestar evolucionan a mejor. Te pongo un ejemplo: imagina que soy madre soltera sin apoyo económico ni emocional, tengo un empleo en el que estoy trabajando mil horas bajo mucha presión y para colmo no llego a fin de mes.

Todas esas situaciones y responsabilidades, que además se están alargando en el tiempo, provocan que esté preocupada y que cada vez me sienta con menos energía. Además, me duermo a las tantas de la madrugada a pesar de que me tengo que levantar a las seis de la mañana. Eso hace que yo al día siguiente no rinda bien, que no pueda concentrarme como antes y que esté más irritable por la falta de sueño. Si la situación se repite con cierta frecuencia me sentiré triste y de mal humor, pero el motivo de esas emociones será que no puedo con todo. Estoy cansada, fatigada mentalmente y me está pasando factura.

En ese caso, imagino que bastaría con unas vacaciones o alejarse un tiempo de lo que le provoca tanta desazón…

Claro, por eso es que te decía que, normalmente. la fatiga mental mejora cuando quien la sufre descansa y aparca aquellas circunstancias que han provocado la sobrecarga de responsabilidades y preocupaciones. En cambio, una persona con depresión puede presentar fatiga, insomnio, irritabilidad, tristeza, problemas de concentración… pero también acostumbra a sufrir de desesperanza en el futuro, sentimientos de vacío y culpa, falta de apetito y un anhedonismo muy marcado, es decir: hay una pérdida de interés por hacer aquello que antes le generaba placer.

Aunque alguien que esté cansado a nivel mental seguramente no tendrá ganas de realizar muchas actividades agradables, el motivo principal será la falta de energía, la fatiga. En cambio, en un caso de depresión la razón de que quien la padece deje de salir, socializar, disfrutar de su tiempo de ocio, etc. es que no tiene motivación para ello. No es que esté fatigado, no es que necesite dormir una siesta porque esta última noche no ha podido pegar ojo, sino que el plan que le han propuesto no le despierta ningún interés. Es lo que coloquialmente llamaríamos «no tener ganas de nada».

Y al contrario que ocurre con la fatiga mental, si esa persona intenta tomarse unos días libres para descansar su salud mental no va a mejorar, porque el problema de base, el germen de la depresión, no es la sobrecarga o el cansancio, sino una o varias situaciones que han tambaleado los esquemas de su vida y que le han provocado una serie de síntomas que dificultan su día a día.

«El cansancio mental prolongado puede acabar derivando en depresión»

¿Es más fácil de lo que pensamos confundir ambas cosas? 

Sí, porque como decíamos, la depresión puede incluir fatiga física y mental y, a la vez, una persona cansada psicológicamente puede sentirse abrumada, frustrada, impotente y triste, lo que tal vez la lleve a pensar que está pasando por una depresión. Ojo, que si ese tipo de fatiga se alarga mucho en el tiempo podrían aparecer otros síntomas depresivos como la sensación de inutilidad, la culpa, el pesimismo, la pérdida de interés por lo que le rodea… el cansancio mental prolongado puede acabar derivando en depresión, lo que pasa es que en un inicio no son la misma cosa. 

¿Es muy diferente el tratamiento que se debe emplear en ambos casos para conseguir la curación?

Sí, mucho. En el caso de una persona con cansancio mental, habría que analizar su situación y los recursos que posee con el fin de ver qué herramientas tiene a su alcance para gestionar sus responsabilidades, de qué manera mejorar su higiene de sueño, cómo pedir ayuda o buscar apoyo emocional, qué actividades puede ir realizando poco a poco para desconectar de lo que la abruma, potenciar los autocuidados, gestionar las emociones desagradables que está sintiendo, y si fuese posible, tomarse unos días o unas semanas para descansar.

Por ejemplo, si la situación que le provoca cansancio mental está muy relacionada con su empleo, lo recomendable sería cogerse una baja o, si puede, pedir que le adelanten sus vacaciones. En cambio, el tratamiento para la depresión suele incluir una terapia que se centra en objetivos distintos, ya que en ese caso, los profesionales suelen utilizar técnicas dirigidas a mejorar la autoestima y las relaciones del paciente. Así como a modificar los pensamientos que puedan estar distorsionados y las conductas asociadas a ellos. También puede ser, que en ocasiones se le recomiende medicación para regular hormonas como la serotonina, la noradrenalina, la dopamina, cortisol… que suelen estar alteradas en las personas con depresión. 

La diferencia entre depresión y cansancio mental

«Dependiendo de las circunstancias puede llevar más o menos tiempo, pero la mayoría de pacientes con depresión llegan a curarse y me parece muy importante destacar eso»

¿El cansancio mental también se podría definir como una depresión leve?

Como comentábamos antes, podría derivar en una depresión, pero a priori son problemas diferentes. Hay personas que van a terapia porque se dan cuenta de que últimamente se sienten fatigadas, deprimidas, irascibles, con poco tiempo para ellas mismas, descontrol horario… y si esa persona necesita apoyo para encontrar la manera de gestionar lo que le está pasando es apropiado que lo haga, y además demuestra inteligencia al solicitarlo.

Pero en ocasiones, la solución puede estar en preguntar: «¿Podrías bajar el ritmo y cogerte unos días de vacaciones, o tomar distancia de tal o cual situación? ¿Sí? Pues, ¿qué tal si pruebas a hacerlo, procuras dedicar tu tiempo esos días a descansar, dormir bien, hacer actividades que te gusten, cuidar de ti… y luego me cuentas qué tal?«. Eso sí, no siempre es posible o tan inmediato que la persona afectada pueda hacer eso, y entonces será cuando deba valorar pedir ayuda. Aunque estemos hablando de la misma problemática, cada caso es diferente y puede evolucionar de forma también distinta. 

¿Cuál es la señal de alarma que nos indicaría que estamos ante una depresión de tomo y lomo?

Yo diría que, además de la tristeza prolongada, una señal de alarma significativa sería la falta de interés por todo lo que rodea a la persona, por las compañías y las actividades que antes le generaban placer, así como la sensación de vacío y un pesimismo muy marcado sobre el presente y el futuro. Luego la persona también puede presentar otros síntomas característicos de la depresión como los que hemos mencionado antes, pero si existe esa combinación de tristeza+anhedonismo+vacío+desesperanza recomendaría a quien lo padece que pida cita con un psicólogo lo antes posible, porque con la ayuda correcta alguien que sufre depresión se puede recuperar.

No será instantáneo, dependiendo de las circunstancias puede llevar más o menos tiempo, pero la mayoría de pacientes llegan a curarse y me parece muy importante destacar eso, precisamente por lo que decíamos de que una persona aquejada de depresión suele sentir mucho pesimismo con respecto a su situación, muchas veces creen que la manera como se sienten en ese periodo durará toda la vida, que no hay posibilidades de mejora para ellos. 

En ese contexto, pueden surgir ideaciones suicidas o, y no es menos peligroso, que la depresión se cronifique porque el paciente de alguna manera se haya resignado a que lo que le pasa no tiene solución. Y sí, sí la tiene. Así que es necesario que a las personas que sufren un trastorno depresivo les llegue el mensaje de que hay esperanza para ellos, aunque al principio les cueste creerlo, porque a lo mejor eso marca la diferencia entre que decidan pedir ayuda o no.

También es importante que sepan identificar los síntomas y que entiendan que no lo están sufriendo porque sean débiles, egoístas o porque haya algo defectuoso en ellas, sino que tienen depresión y eso les genera ideas distorsionadas sobre ellas mismas y el entorno que las rodea.

Y lo mismo te digo en relación a quienes sufren cansancio mental, muchas veces esas personas pueden llegar a pensar o a escuchar en boca de terceros que son unas flojas, unas quejicas, unas vagas o unas victimistas, que no están haciendo lo suficiente por salir adelante, o que la vida es así de dura para todo el mundo y que nadie las ha obligado a estar donde están… y todos esos mensajes son granos de sal que se lanzan sobre la herida. Son fruto del desconocimiento y de la poca importancia que, desafortunadamente, todavía le damos a la salud mental como sociedad. Por eso son tan necesarias las campañas de sensibilización y la financiación en temas de salud pública. Desde las instituciones tienen que ponerse las pilas en este tema, porque hay personas que literalmente se están jugando la vida en ello. 

Stefany Estévez, psicóloga clínica en Barcelona.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *