Alain Delon cumple años

Porte, presencia, atractivo, elegancia, masculinidad cuando la masculinidad exacerbada no estaba en entredicho. Todo eso y no poco más exhibía Alain Delon, el gran actor francés, que refulgió junto a Louis de Funes, Jean Paul Belmondo y Lino Ventura. Digo, para quedarme en el ámbito masculino. Como Rodolfo Valentino casi medio siglo antes y como Brad Pitt medio siglo después, Alain Delon era un macho alfa con pulimento. Un rudo que, puesto a prueba, sabe ser sofisticado, que no renuncia totalmente a su lado femenino.

Pero si hablamos de cine, la cuestión no es posar (no solamente), sino que es necesario probarse como fingidor, transformarse. Alain Delon ganó mucho dinero en películas de acción, de esas que no requieren de creerse un Hamlet. Pero se probó y nos probó que no solo de porte viven algunos dotados para la gran pantalla. Lo atestiguan sus trabajos en filmes de Luchino Visconti, como Rocco y sus hermanos (1960) y El gatopardo (1963).

En Rocco… Delon encarna a un joven, pobre, empeñado en mantener unida a una familia que ha debido emigrar al norte de Italia. La película es un drama de acción y, como todo drama, está regida por la fatalidad. Alain Delon, que nació el 8 de noviembre de 1935, tenía veinticuatro años cuando comenzó el rodaje. Aun así ya se manifestaba como eso que llaman “actor de carácter”, esto es, uno que no escenifica la historia, sino que la vive. Desde que representara a Tom Ripley en A pleno sol (René Clément, 1960) se le comenzó a considerar el enfant terrible del cine europeo. Él solo era un fenómeno de masas. Impuso la moda de los mocasines sin calcetín.

En El gatopardo, que se basa en una novela reflexiva, filosófica casi, el francés representa a Tancredi, un joven aristócrata, malvado y botarate, en un contexto de cambios sociales y de indefiniciones. Esta película de Visconti está considerada una de las mejores del cine mundial.      

ALAIN DELON NO HABLA INGLÉS

Pero, quiéranlo o no, el gran referente del cine está en Los Ángeles, California. Para bien y ―sobre todo― para mal, no hay actor de este mundo que no se plantee a Hollywood como reto. Para mal, no porque se trate del infierno, sino porque en Hollywood es obligatorio actuar en inglés americano, lo que no todos consiguen. Tras un total de seis películas sin penas y ―sobre todo― sin gloria, Alain Delon, que quiso verse las caras con las grandes productoras del Pacífico estadounidense, volvió a casa.

En Francia el hijo pródigo recobró el éxito. Ganó mucho con filmes de gangsters y aventuras, comedias y thrillers. Protagonizó El clan de los sicilianos (Henri Verneuil, 1969), Borsalino (Jacques Deray, 1970), Sol rojo (Terence Young, 1971), El zorro (Duccio Tessari, 1975), Armagedón (Alain Jessua, 1977) y Teherán 43 (Alexander Alov y Vladímir Naúmov, 1981), entre muchos otros. Fueron las décadas de 1970 y 1980 las más fecundas para este fuera de serie que participó en unas ochenta películas y conoció la popularidad también en el teatro.

Con Jean Paul Belmondo en Borsalino

Perseguido por la prensa más seria y por los paparazzi, involucrado en escándalos más o menos sustanciosos, capaz de deshacerse de su millonario patrimonio para que sus hijos no se fueran a pelear por dinero, Alain Delon, quiéralo Hollywood o no, sigue siendo Alain Delon.  

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