«Alma Viva», futura candidata al Goya

El pasado día 12 de noviembre tuve el gustazo de ver la película candidata al goya «Alma Viva» de la directora portuguesa Cristèle Alves Meira en la Academia del Cine Español.

La acción se sitúa en el tedioso verano de un pueblo de Portugal, en la región de Tras-Os-Montes, donde las supersticiones están tan presentes en el día a día de sus gentes como el sol cuando amanece.

La joven protagonista es Salomé, la benjamina de una familia de un fuerte matriarcado y en la que la relación con su abuela es especialmente estrecha, ya sea durante la vida y ya llegada la muerte.

La película juega con un amplio lenguaje esotérico, usado con maestría por este grupo de mujeres y dentro del inevitable conflicto familiar, casi todas solas o engañosamente independientes, las cuales sufren las habladurías de todo un pueblo desde que la abuela tiene un desliz con un vecino casado, desatando todo una seria de supercherías que se quedarán grabadas en el contexto familiar.

Desde ese momento, y aunque San Jorge las está protegiendo, Salomé nos irá mostrando desde su pequeña pero soberbia perspectiva, como el peso del folclore y todo tipo de supersticiones, sobre todo si se trata de mujeres, ejerce un peso significativo en la vida de todas ellas. Profetiza el tío ciego de la niña certeramente que ,» en algún momento, toda mujer independiente es acusada de brujería » .

La luna llena, elementos típicos de la santa compaña, cuartetos de música fúnebre, los animales fetiche, perros y gallinas, velas, humo de tabaco y sutiles encajes de cortinas, hacen de la película un conjunto perfecto del ideario pagano luso que enganchará al espectador desde el primer momento.

Superstición en los tiempos de la Inteligencia Artificial

Solo el cruzar de dedos de Salomé en la escena donde una de las coprotagonistas está limpiando el pescado que su abuela se comerá, ya nos avisa de que toquemos madera y que recemos lo que sepamos. 

La pequeña Salomé, lleva con valentía el peso de la película y quizás el peso de toda su familia, sabedora del poder que le avisa su abuela, actúa en consecuencia y quizás la escena de las gallinas en todo su esplendor, dejará al espectador pegado en la butaca como hizo conmigo.

Aparte de los protagonistas humanos, también haría hincapié en el agua, elemento purificante y de un profundo significado religioso, tanto al final como al principio de la película, sin duda recalcando el verano y el calor insoportable que hace una defunción y su correspondiente velatorio, presa de las repegajosas moscas y alcahuetas de turno. 

Otro de los símbolos que la directora avezadamente nos cuela en el metraje es sin duda el fuego, una gigantesca hoguera quemadora de brujas y exorcizadora de pecados , nos hace recordar épocas pasadas en diferentes países de la vieja Europa y todavía muy presentes en nuestro país vecino, Portugal. 

Con el corpo aberto y el corazón en un puño, esperamos, yo al menos, que «Alma Viva« se lleve algún galardón el día de la Gala de los Goya que se celebrará en Valladolid.

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