Érase una vez, un futuro distópico

Érase una vez, un tiempo no muy lejano, donde la gente hacía cosas incongruentes y no pensaba porqué hacía lo que hacía, en esos tiempos la paga de navidad ardía en el bolsillo como la moneda del señor Scrooge en la mano del niño que iba a comprar el pavo gigante al final de cuento de navidad, a quien le importaba si todo era una farsa y el malo se hacia bueno por un día, había que aprovechar.

Salían de compras para gastar un dinero que les costaba mucho ganar, para tener más cosas que no necesitaban y seguramente no cabían en el armario.

La gente se reunía con otras gentes con las que durante el resto del año no tenían mucho contacto y, si surgía la posibilidad, todos los reproches que no se habían hecho durante el resto del año salían con más facilidad con un par de copas de sidra, si eras mileurista , o con un par de copas de cava, si sobrepasabas dos veces el mínimo interprofesional, los traumitas de la infancia esos días implosionaban con poca carga, en aquellos tiempos, muchos eran carne de cañón para los terapeutas en año nuevo.

Los maridos se iban las horas antes de la cena a ponerse tibios con gorros de papá Noel y trenzas blancas, mientras las mujeres, estaban en la casa preparando los previos de la cena y renegando de lo poco que les gustaban esos días y esas borracheras, pero siempre había alguna mujer mayor que les recordaba que, bueno, eran hombres , que se le iba a hacer, los guiños al machismo de generaciones integrado en el cerebro femenino siempre para disculpar al patriarcado, salían a pasear muy a menudo.

Total ,que no se sabían explicar muy bien por qué había dos fiestas, una el 25 de diciembre que era según decían, había nacido Jesús en una noche donde se rondaban temperaturas bajo cero y por otro, el día de los Reyes, cuando iban a visitar al niño bajo ese frio de invierno, unos señores guiados por una nave espacial, según los teóricos de la conspiración, el 5 de enero.

Había una guerra, (varias), curiosamente en el mismo sitio donde se supone que nació el hijo de Dios, y dónde estaban muriendo niños a manos de los mismos que fueron muertos hace un par de guerras más, un sin sentido que se repetía no sabemos muy bien el motivo.

Mientras, en occidente la gente se levantaba de sus asientos para brindar cada vez que sonaba María Carey en algún bafle conectado al bluetooth de un teléfono de 1.000 euros, el cuñado de turno ya tenía el discurso preparado de que él no era ni machista ni feminista, mientras los niños en el salón, jugaban online a la guerra total con otros niño, quizás de Israel o Irak, ajenos a todo.

Hubo varias malentendidos respecto al «sol invictus» pagano y con que Herodes vivía cuando Jesús era niño, ósea que igual os cuento esta historia desde el 2027  y estamos viviendo el peor de los universos, desfasado y distópico, por eso la gente va como pollo sin cabeza ( si eres mileurista), o pavo sin ídem( si cobras dos veces el minio interprofesional) .

Mientras, en algún lugar del mundo, un antiguo presidente de la primera potencia mundial, con el permiso de China, y su mujer, producían una película apocalíptica donde el mundo se acababa fruto de la propia manipulación entre los hombres y usando ese «todo contra todos» en el todo valía, una bofetada sin guantes y aviso para navegantes.

La vida pasaba para muchos sin entender demasiado bien que hacer estos días porque si te mostrabas tal y como eras, estaban aguando las fiestas de la familia y si preferías mejor quedarte con tus gatos en casa comiendo ganchitos, eras una pobre amargada, nunca se acertaba.

La vida no era fácil para la gente que pensaba, tampoco debió ser fácil para Dionisio el Exiguo, que no hizo bien las cuentas o para Mateo y Lucas que escribieron los evangelio casi 60 años después de que Jesús naciera.

En aquellos tiempos, se podía comprar de todo con el dinero que tanto costaba ganar en alguna plataforma china, si buscabas concienzudamente, algún cacharro, un aparato de esos de descargas, te salía por dos duros, siempre podías enchufárselo a algún familiar en alguna de esas reuniones, en el caso de que no estuvieras de acuerdo con las opiniones del cuñado.

Los traumitas de la infancia salían fácilmente en esas fechas con suma facilidad, pero no era culpa de sus gentes, la culpa fue del monje este que se confundió haciendo las cuentas y de la sidra barata de la cesta de navidad de esos jefes suyos que los explotaban sin compasión. 

Todo bien.

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