«Los que se quedan»: Joya navideña en pleno enero

El reciente estreno de Los que se quedan (The Holdovers) ha conquistado corazones y críticas, convirtiéndose en la primera película imperdible de 2024. Alexander Payne, uno de esos cineastas-autores con un estilo reconocible, combina encanto navideño con su más que demostrada maestría en la construcción de personajes. 

Situada en la ficticia escuela Barton en diciembre de 1970, la película sigue la historia de Paul Hunham (interpretado magistralmente por Paul Giamatti), un profesor de Historia cuya vida monótona se ve alterada al pasar las vacaciones encerrado en la escuela con dos personajes igualmente solitarios: Angus Tully (Dominic Sessa), un estudiante problemático con conflictos familiares, y Mary Lamb (Da’Vine Joy Randolph), la jefa de cocina que acaba de perder a su hijo en la Guerra de Vietnam.

Payne sitúa la película en los años setenta, pero no solo en la ambientación, ya que desde la aparición del logo de “Universal” encontramos una versión setentera. Técnica y estéticamente, el director estadounidense aplica una pátina clasicista a las imágenes que nos transportan tanto en lo argumental como en lo estilístico y, a partir de ese punto, comienza a construir. con un espectador que ya ha firmado este pacto de viaje temporal. No hay que olvidar que estamos ante una comedia que, lejos de apoyarse en gags imposibles que buscan la carcajada, se mantiene en una constante sonrisa que, como espectador, creo que tiene mucho más valor y que nos acerca mucho más a unos personajes que merecen la pena y que están unidos por su condición herida.

El director y guionista, parece haber recuperado su mejor forma con Los que se quedan, tras el tropiezo de Downsizing. La película, en apariencia opuesta a su obra anterior, Nebraska, revela similitudes al explorar la estancia, el encierro y los interiores, desafiando las expectativas y sorprendiendo a la audiencia con giros inesperados. Alexander Payne le da la vuelta a unos personajes que en un primer momento creíamos conocer, nos parecían estereotípicos. Sin embargo, el director sabe cómo desmontarlos, cómo ahondar en tres protagonistas que, a medida que conectan entre sí, lo hacen también con el espectador. Los giros dramáticos se van presentando de una forma fluida y natural y van tejiendo una concepción tremendamente humanista que se apoya en la perfecta construcción de sus personajes, con mención especial para el personaje de Paul Giamatti.