Foto portada: Cartel de la película «Abraham Lincoln: cazador de vampiros».

El nombre del único cazavampiros que recuerdo es Van Helsing. Un cazador infatigable de bichejos nocturnos. Es imposible que no unir este nombre a los de Peter Cushing o Anthony Hopkins, quienes interpretaron magistralmente al personaje. Tanto Drácula como Van Helsing siempre nos han resultado tremendamente atractivos. Por un lado nos seduce el mundo oscuro y fascinante del vampiro , y por el otro, las agallas de un ser humano dispuesto a enfrentarse a lo sobrenatural incluso arriesgando su vida.

A día de hoy, sabemos que los vampiros no existen, al menos aquellos que describen Stoker y Polidori. Sin embargo, la existencia de la figura del cazavampiros a lo largo de la historia está más que documentada. El estupendo investigador y escritor Javier Arries, ha dedicado gran parte de su tiempo a indagar tanto sobre la figura de los vampiros como de aquellos que los quieren exterminar. Y tras semanas y semanas de llenarse las barbas de polvo entre antiguos documentos, llegó a la conclusión, allá por el 2009, de que posiblemente el primer cazavampiros de la historia fuese español, en concreto valenciano. Os lo contamos.

Dom Calmet. Foto: www. arries.es

Juan Gil de Cabrera i Perellós, el conde de Cabreras

El benedictino Dom Calmet (1672- 1757), considerado el primer vampirólogo de la historia, habla en uno de sus libros sobre cierta carta que llegó a sus manos. En ella, se relataba que un tal conde de Cabreras tuvo que investigar algunos casos de vampirismo que se produjeron donde vivía parte de su regimiento. El conde, era capitán de granaderos del regimiento Alandetti en el confín húngaro. Javier Arries descubrió que ese tal conde no era otro que el español Juan Gil de Cabrera i Perellós, quién estuvo presente en el conflicto entre venecianos, austriacos y turcos a principios del siglo XVII.

¿Qué sucedió en la frontera húngara?

Según cuenta Dom Calmet en uno de sus libros, cuyo capítulo dedicado al conde fue traducido por el propio Arries y publicado en su artículo «Vampiros ajusticiados por el conde de Cabreras» , un soldado que se encontraba de guarnición en la casa de un civil, cerca de la frontera húngara, presenció un hecho escalofriante.

Parece ser, que mientras el soldado estaba sentado a la mesa junto al dueño de la casa y otros comensales, entró de repente un hombre en la estancia, y ante el estupor del dueño, se sentó con ellos. Al día siguiente, y de manera repentina, el hombre que había hospedado al soldado murió.

Todo aquello escamó sobremanera al soldado, el cual, comenzó a hacer preguntas para averiguar qué había sucedido realmente. Le contaron que el hombre misterioso que se sentó a la mesa aquel día, no era otro que el padre del dueño de la casa, quién había muerto diez años antes. El difunto regresó de la tumba para anunciarle a su hijo que moriría pronto.

El soldado no tardó en contar todo aquello en el regimiento, y fue entonces cuando se encargó al conde de Cabreras la investigación de lo que pudo haber sucedido.

Foto: www.valenciabonita.es

Las pesquisas del conde

Cabreras acudió al lugar de los hechos junto a un auditor, un cirujano y algunos oficiales. Una vez allí, interrogó a cuantos pudiesen dar un poco de luz al caso. Como todos le aseguraron que el hombre misterioso no era otro que el padre muerto del difunto, creyó que lo mejor que podía hacer era exhumar el cuerpo.

Al abrir el ataúd, un escalofrío les atravesó de lado a lado cuando descubrieron que el cadáver se encontraba en perfecto estado de conservación tras diez años bajo tierra. De hecho, parecía dormido. Espantado, el conde ordenó que se le decapitase antes de volver a ser enterrado. Después, la comisión encabezada por Cabreras descubrió que aquel no había sido el único caso de un muerto que vuelve a casa tras años bajo tierra.

Le relataron que otro hombre también retornó al hogar después de treinta años en campo santo. Lo hizo en tres ocasiones a la hora de la comida. En ningún caso era una visita de cortesía, ya que se dedicaba a morder el cuello de sus familiares, a los que les causaba la muerte al instante. Lo mismo hizo un tercer hombre tras dieciséis años fallecido. Acudió a su casa y dio muerte a varios de sus hijos tras chuparles la sangre.

Ambos cadáveres fueron desenterrados y, una vez más, encontrados en perfecto estado de conservación. Cabrera ordenó que a uno se le clavase un clavo en la cabeza antes de volver a sepultarlo y que el otro que fuese quemado.

¿Realmente ocurrieron así los hechos?

Según la carta recibida por Calmet, los hechos los contó el propio Cabreras en 1730 a la persona que se la envió. No se sabe más del informante. Sí parecen encajar muchos datos y hechos que se explican en la carta con la vida de Cabrera, lo cual, expone brillantemente Javier Arries en su artículo, al que os remitimos porque obtendréis toda la información de manera mas exhaustiva y detallada.

Lo cierto es que en algunas zonas de Europa los supuestos casos de vampirismo siempre fueron frecuentes a lo largo de la historia. Hace años, hice amistad con una mujer rumana, quién me contó que en su país existían leyes para evitar que se exhumaran cadáveres clandestinamente con el fin de clavarles estacas, o cosas similares, cuando se sospechaba que podían ser vampiros.

El vampirismo ha sido confundido en multitud de ocasiones con la rabia o la porfiria, y posiblemente haya dado lugar a la histeria colectiva en algunos casos. La sugestión puede hacer verdaderas «maravillas» cuando la atmósfera es la adecuada. ¿Vosotros creéis en la existencia de los vampiros? ¿Habéis sospechado de algún vecino o familiar extremadamente delgado y paliducho? ¡Contadnos!

Kit cazavampiros del siglo XIX fotografía: www.galantiqua.com

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