Torres que salen de pantalones de chicos, escritos en la arena, paredes e incluso en naves extraterrestres, la forma de personajes ficticios, chistes morbosos, metáforas con tono surrealista y muchos más elementos, históricamente han sido mencionados como alusión en el cine al miembro viril masculino (pene o polla, como prefiera decirle cada lector).
Icónicos elementos fálicos son la cabeza de Alien, el castillo de La Sirenita, la espada en la película Excalibur, el sable de luz en Star Wars, la vasija alargada de barro a la que Demi Moore da forma en Ghost, más allá del amor, Las pistolas en Pulp Fiction y en la saga de Terminator, y el helado en La naranja mecánica.

Lo curioso es que la referencia no es solo a este órgano reproductor, sino a la simbología social con la que está asociado: poder, dominación, virilidad, fertilidad, placer, tentación e identidad sexualidad.
Ya aparezca en dibujos animados o en películas de corte erótico, las carcajadas explícitas cuando se observan las escenas de sexo, o las risas y guiños entre el público porque entendió a qué se refería el guionista o director no faltan.
Y esto sumerge a la audiencia en una gratificante sensación de pensamiento de colmena, de ser parte de un todo que reconoce al hombre como gran conquistador, merecedor de tener un ego alto, capaz de cumplir todo cuanto se propone y demás cualidades de lo que antiguamente se conocía como “hombre con pelo en pecho”.

España, por su parte, no se queda atrás a la hora de construir un cine con instinto fálico. Dicen los estudiosos del tema que los orígenes se encuentran en la decadencia y posterior desaparición del régimen franquista, lo que “provocó en España una oleada de nuevas tendencias culturales, sociales y políticas que impregnaron, sin contemplaciones, la totalidad aspectual del país.
«La paulatina búsqueda de los caminos cortados por la dictadura dieron lugar a unas tendencias cinematográficas que fueron desde la implicación política comprometida, hasta el aprovechamiento conservador de las libertades que se fueron conquistando”, según D. Manuel Jesús González Manrique, en La moral religiosa y el cine español de la transición (1973-1982), artículo y tesis doctoral presentada en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada.
El nacimiento del destape, como tendencia erótica en la cinematografía nacional, constituye un ejemplo concreto del movimiento fílmico con infinidades de insinuaciones al falo, como forma de liberación sexual. Para esa España que se liberaba de la censura del régimen franquista fue una suerte, acompañada de mayor libertad creativa y exploración de temas sociales.
Por lo que añado que las escenas de sexo y la alusión al instinto fálico, no siempre son malas, depende de si el tópico ha estado bien o mal trabajado, si han sido escenas detalladas, sutiles, simbólicas, o que dan vía libre a la imaginación, incluso de si contribuyen o no a descifrar la psiquis de algún personaje.
El instinto fálico cinematográfico es ¿perverso, natural, consecuencia de decadencia moral? Todo depende de la interpretación y las experiencias de cada cual, incluso de los críticos de arte, quienes también son seres humanos.

Jon Kelly, periodista de la BBC, comentaba que se menciona a Sigmund Freud de forma habitual en las críticas cinematográficas, atendiendo a sus referencias del inconsciente, la represión sexual, los sueños, las cuestiones de papá y mamá. Recordemos que Freud “desarrolló la teoría de que los seres humanos poseen un inconsciente en el que los impulsos sexuales y agresivos están en conflicto perpetuo por supremacía con las defensas en su contra”.
¿Cuestión de facilismo a la hora de criticar? No lo creo. Tanto el cine mundial como el español, y sus críticas, no escapan de una escuela y un imaginario popular plagado de estos símbolos fálicos.

Una discusión de la academia fue que predominaban porque las historias eran contadas por hombres, y que sus miradas se han eternizado hasta el punto de que construyen los estereotipos femeninos también, los clichés, los fetiches…aunque las mujeres van ganando espacio a la hora de la creación audiovisual.
¿Me acusarán de feminismo o feminazi? ¡Qué va! Son noticias más que viejas, así como las constantes revisiones para que no salgan a la luz las alusiones más visibles al miembro reproductor. Y, aunque en este artículo me refiero a la representación fálica masculina, próximamente escribiré otro sobre las mujeres fálicas del cine español.

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