La marcha verde: qué fue realmente y por qué sigue marcando la historia

Cuando hablamos de la marcha verde, solemos pensar en la imagen de miles de civiles marroquíes avanzando hacia el Sáhara Occidental con banderas y retratos del rey Hassan II. Pero detrás de esa fotografía tan conocida hay un episodio político enorme, un tablero internacional extremadamente tenso y unas consecuencias que todavía hoy siguen vivas. En este artículo te cuento qué pasó realmente, por qué ocurrió y cómo afectó —y sigue afectando— a España, Marruecos y al propio Sáhara Occidental.

El contexto previo: un Sáhara en disputa

Para entender la marcha verde hay que retroceder un poco. El Sáhara Occidental llevaba décadas administrado por España. A principios del siglo XX se había convertido en colonia, y aunque durante muchos años la presencia española fue limitada, con el tiempo adquirió más importancia por intereses estratégicos y, sobre todo, por el hallazgo de recursos naturales como los fosfatos de Bu Craa y los ricos caladeros.

En los años sesenta, Naciones Unidas empezó a presionar a las potencias coloniales para descolonizar sus territorios, y el Sáhara Occidental entró en esa ola. España tenía la obligación de permitir un proceso de autodeterminación. Mientras tanto, surgieron movimientos saharauis que reclamaban independencia, especialmente el Frente Polisario, fundado en 1973.

Todo esto generó una situación muy delicada: España estaba todavía en la recta final del franquismo, el movimiento saharaui estaba creciendo y Marruecos reclamaba el territorio como propio, argumentando vínculos históricos y tribales. El ambiente estaba a punto de estallar.

La jugada de Hassan II

Es aquí donde entra en escena la marcha verde. En 1975, el rey Hassan II de Marruecos se encontraba con problemas internos. Su popularidad no era la mejor y necesitaba un gesto fuerte para unir al país. Además, veía una oportunidad histórica: España estaba debilitada políticamente por la enfermedad terminal de Franco, y la presión internacional complicaba su permanencia en el Sáhara.

Entonces anunció una movilización masiva y pacífica hacia la frontera con el Sáhara Occidental. La idea era presentar una reivindicación territorial sin recurrir a una invasión militar directa, que habría provocado una condena internacional. La marcha verde fue, en ese sentido, una maniobra política brillante. Reunió a unas 350.000 personas —según cifras oficiales marroquíes— que avanzaron hacia el territorio con la intención declarada de “recuperar tierras históricas”.

La marcha verde: qué fue realmente y por qué sigue marcando la historia

La opinión internacional: entre la sorpresa y el desconcierto

En aquel momento, la comunidad internacional no sabía muy bien cómo reaccionar. Por un lado, Marruecos hablaba de una movilización pacífica. Por otro, era evidente que la presión sobre España era enorme. La Corte Internacional de Justicia acababa de emitir un dictamen señalando que sí existían vínculos históricos entre poblaciones saharauis y Marruecos, pero que esos vínculos no impedían el derecho a la autodeterminación. Es decir, no daba la razón a Marruecos, pero tampoco se la quitaba del todo.

La marcha verde buscaba explotar esa ambigüedad legal y aprovechar el vacío de poder español. Era una demostración de fuerza sin disparar una sola bala. O al menos, sin que los civiles lo hicieran.

La reacción española: entre el límite y la prudencia

España movilizó tropas y colocó minas en la frontera, llegando a preparar una posible respuesta militar. Sin embargo, el gobierno estaba paralizado por la situación interna: Franco agonizaba, el régimen se tambaleaba y nadie quería tomar decisiones que pudieran desencadenar una crisis internacional o un conflicto armado justo en ese momento.

El balance interno fue claro: aunque España tenía fuerza militar para frenar la marcha, políticamente era insostenible. La prioridad era evitar un enfrentamiento directo con Marruecos y, sobre todo, controlar el propio país ante la inminente muerte de Franco.

Los Acuerdos de Madrid: la salida rápida

Como resultado de esa presión y del contexto político, España optó por una salida negociada. En noviembre de 1975 firmó los Acuerdos de Madrid, por los cuales se comprometía a retirarse del Sáhara Occidental y a transferir la administración a Marruecos y Mauritania. No fue un proceso de descolonización completo ni incluyó un referéndum de autodeterminación.

Es importante aclarar que estos acuerdos no son considerados válidos por Naciones Unidas, porque no se transfirió la soberanía, solo la administración, y la descolonización quedó inconclusa. A nivel legal, España siguió siendo potencia administradora para la ONU, aunque en la práctica se retiró totalmente.

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Después de la marcha verde: conflicto y división

Tras la retirada española, Marruecos ocupó la parte norte del territorio y Mauritania la parte sur. Esto llevó a un enfrentamiento directo con el Frente Polisario, que ya había declarado la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en el exilio.

Mauritania terminó retirándose en 1979, pero Marruecos ocupó su zona y acabó controlando gran parte del territorio. El conflicto armado entre Marruecos y el Polisario duró hasta 1991, cuando se alcanzó un alto el fuego con la promesa de un referéndum de autodeterminación que, hasta hoy, nunca se ha celebrado.

La marcha verde hoy: memoria, política y simbolismo

Hoy, la marcha verde es un símbolo nacional en Marruecos. Cada año se celebra como un acto de unidad y de recuperación territorial. Para la sociedad marroquí, sigue siendo una demostración de patriotismo y liderazgo político.

Para los saharauis que apoyan al Frente Polisario, es lo contrario: un momento de pérdida, ocupación y ruptura con su derecho a decidir. En los campamentos de refugiados de Tinduf se vive todavía el recuerdo de lo que significó aquella marcha para miles de familias que tuvieron que huir.

Y en España, sigue siendo un tema sensible, especialmente porque la salida del Sáhara quedó sin resolver, y porque todavía hay debate político y social sobre cómo se gestionó el final del conflicto.

Por qué la marcha verde sigue importando

La marcha verde no es solo una marcha. Es un símbolo de cómo la historia puede cambiar de golpe cuando se combinan política interna, intereses estratégicos y un momento oportuno. Además, es el origen directo de uno de los conflictos más largos y complejos del norte de África.

A día de hoy, el futuro del Sáhara Occidental sigue siendo incierto. Hay un alto el fuego frágil, negociaciones estancadas y un territorio dividido entre una zona controlada por Marruecos y otra por el Polisario. Todo esto deriva, en gran medida, de aquel noviembre de 1975.

La marcha verde fue una jugada política decisiva que cambió el rumbo del Sáhara Occidental y la relación entre España y Marruecos. No fue una simple movilización de civiles. Fue un movimiento cuidadosamente calculado, con consecuencias geopolíticas que siguen vivas.

Entender la marcha verde es esencial para comprender por qué el conflicto saharaui continúa, por qué Marruecos celebra ese día como un triunfo y por qué muchos saharauis lo recuerdan como el inicio de un largo exilio. No es solo historia. Todavía forma parte del presente.

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