Risa contra Inquisición en la Edad Media

A casi ningún lector de la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco, se le pasa por alto una escena. En ella Jorge de Burgos, bibliotecario ciego de la abadía, y Guillermo de Baskerville dialogan acerca de la risa. El benedictino de Burgos asevera que reír es un pecado, pues quien lo hace no siente temor de Dios. El franciscano de Baskerville lo contradice: la risa es un don y explica la confianza en el Señor.

Tanto en el libro de Eco (1980), como en la película de Jean-Jacques Annaud que en él se inspiró seis años después, el problema de la risa ―así mismo, un problema y no un simple asunto― da lugar a importantes discusiones filosóficas. La culpa de ello es de la Edad Media, en la que desde el punto de vista de la fe reír solía ser visto como relajamiento de la moral. Aclaremos: el pueblo llano reía lo mismo que lloraba; era en el ámbito sacro donde la risa se miraba de soslayo.

EL JUEGO ES SÓLO UN RATO

Ahora bien, el erudito ruso Mijaíl Bajtín (1895-1975) nos recuerda que no todo se reducía a solemnidad en el oscuro Medioevo. En un ensayo titulado “De la prehistoria de la palabra en la novela”, Bajtín explica que, no ya la risa, sino la burla directa era cosa común en las iglesias de Europa durante las festividades de Pascuas y de Navidad.

Paul Cezanne.

Lo mismo durante la misa que en los conventos, hasta las Sagradas Escrituras eran pasto de la burla, o al menos de la parodia. Todo con la anuencia de las autoridades eclesiásticas, que por unos días renunciaban a tildar de herejes a los bromistas. En cualquier caso, el relajamiento de la férrea disciplina religiosa podía ser una vía de escape para la población arruinada por los diezmos y la insalubridad.

REÍR ES COSA SERIA

Según Mijaíl Bajtín existen varias parodias del “Padre nuestro”, del “Credo” y del “Ave María”, las cuales surgieron en la Edad Media europea y «se rezaban” abiertamente durante las festividades. Por parodiar, los entendidos parodiaban hasta la gramática latina, con particular énfasis “en el plano erótico-obsceno”, siempre de acuerdo con el filósofo del lenguaje y teórico ruso.

Al parecer, durante las festividades religiosas en el Medioevo, las jerarquías eclesiásticas autorizaban a la gente a ser más humana, mientras la leña permanecía en los bosques y los cadalsos estaban vacíos y mudos. Dicen que hasta el verdugo reía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *