COVID-19: mi burbuja explosionó y yo implosioné

Hace ya unos años me decía una gran amiga: “Nunca pensé que vería un mundo como el que estamos viviendo. A veces me da la impresión de que yo vivía en una burbuja sin enterarme de nada… y lo que es peor… haciendo cosas que avanzaban hacia este mundo pensando que lo que hacía, era mejorarlo…”

Entre conflictos socio-políticos, guerras, la COVID-19, erupciones volcánicas y desastres naturales por el cambio climático, estamos condenando a la vida a una muerte segura.

Cuando caminaba cada día circundando mi pequeño Cervino o haciendo cumbre en el monte Irimo y sus siete puntas hace 949 días, me hacía la falsa ilusión de que mi mundo particular estaba al margen de todo; protegida de tanta sin razón, a salvo de la contaminación, del cambio climático, de la política corrupta, de las enfermedades, de las guerras, de las falsedades y mentiras dichas sobres unos y otros.

«Todos tenemos una ventana virtual que nos permite ver más allá de nuestro mundo real»

Hoy sé que no estaba a salvo en ninguna burbuja, por una grieta se coló dentro la vida misma, y con ella, todo lo malo de esta.

Por aquel entonces, decía mi amiga, que hace muchos años se veían menos cosas que estaban mal. Yo siempre he pensado que todo es mejorable, siempre ha habido mucho que mejorar, pero a día de hoy, creo que más que mejorar tenemos mucho que construir.

Todos tenemos una ventana virtual que nos permite ver más allá de nuestro mundo real. Antes no teníamos la posibilidad de contemplar esas vistas, solo sabíamos del resto del mundo por los relatos que nos hacían y ahora, sabemos que nos contaban lo que querían, verdades y mentiras, o nada para mantenernos en la conveniente ignorancia.

Pero ahora no estamos a salvo de que nos manipulen mentes perversas que nos engatusan y a los que creemos porque son de “fiar”, ahora las mentiras incluso son más evidentes, aunque sean tomadas por verdad y muchos las defiendan a capa y espada. 

Hay gente que no tiene pudor al tergiversar las crónicas de la actualidad, de falsear la verdad de lo que vivimos en nuestras carnes, de mentir impunemente, se atusan el pelo o se ajustan las gafas henchidas de dignidad, se parapetan tras una pantalla y sueltan indemnes el veneno que llevan dentro. 

Desde que decretaron el fin de la pandemia, hemos vuelto a lo cotidiano, a una rutina que nos lleva a engañarnos creyendo que nuestra vida sigue igual, pero nada más lejos de la realidad; “nueva normalidad” le llamaron. 

«Confío en que no todos los políticos sean facinerosos…»

Los pinos que subían y bajaban las laderas del camino de mi pequeño Cervino están enfermos de una bacteria llamada “Marrón” y los están talando, el camino se inunda por el exceso de lluvias o cuartea por la sequía con pocos días entre lo uno y lo otro.

La COVID-19 ha venido para quedarse y algunos lo padecemos cada día, a cada momento, pero hay quien dice que es un invento o que nos sugestionamos. Las flores de San José florecen a primeros de febrero, las de San Juan en abril, los cerezos vuelven a florecer en septiembre, el tomate madura en octubre, los nogales pierden su fruto porque las ramas están frágiles para conservarlas, las manzanas crecen roñosas…

Yo ya no creo en mi burbuja. Puede que haya más bueno que malo, pero echo la vista atrás y… 

Confío en que no todos los políticos sean facinerosos, antes creía que los hay vocacionales y entregados, ahora veo al político de turno responder preguntas que le hacemos los ciudadanos y me quedo muerta viendo cómo ni se sonroja al mentir descaradamente. 

Creo en que la justicia podría por fin ser justa si limpiásemos todo lo corrompido que hay en ella. Creo en la honradez de las personas, en la lealtad de los amigos, en el abrazo dado de verdad; no entiendo la inquina.

Saquemos algo bueno, de tanto malo, reneguemos de la mentira convertida en verdad. Yo ya no soy tan ilusa, ya no creo estar a salvo en mi burbuja. Nunca existió esa burbuja; caminaba por inercia y la vida me puso la zancadilla.

COVID-19: mi burbuja explosionó y yo implosioné

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