Un viaje con Stephen King

El diario The Washington Post ha brindado días atrás una suerte de recorrido por la biblioteca de Stephen King. Como parte de una serie que el periódico ha titulado precisamente Book Tour, el periodista John Williams se personó en la casa de la Fundación Stephen y Tabitha King, un proyecto sin fines de lucro para combatir los “problemas sociales y ambientales” del estado de Maine. La casa, situada en Bangor, Maine, EE. UU., fue el hogar de los King hasta 1976. Allí se mantiene la biblioteca familiar, explica el escritor/anfitrión, quien a lo largo de la visita expondrá algunas ideas sobre la literatura y la trascendencia.

El periodista John Williams cree necesario hacer énfasis en la amabilidad del autor de relatos terroríficos más famoso de nuestro tiempo. Es un hombre centrado, con los pies bien puestos sobre la tierra americana. Luego Williams quiere indagar en los libros que de alguna manera prefiguraron el estilo del arrasador Stephen King (Portland, Maine, 1947). Por esa parte no hay demasiadas sorpresas. La biblioteca, formada por cuadernos económicos y solo unos cuantos de tapa dura, reincide en cuanto a los géneros de misterio. Contiene, por ejemplo, ejemplares de una colección de Arkhan House, una editorial de Wierd Fiction o “ficción extraña”, fundada en 1939.

STEPHEN KING, LECTOR

Stephen King asegura que creció leyendo cosas de Arkhan House, así como libros de Robert Bloch, del género fantástico y de terror. Admira igualmente a Cormac McCarthy, de quien se sabe deudor. Ahora bien, más allá de las lecturas que ayudaron a formar su estilo, John Williams hace énfasis en las ideas del propio autor acerca de la literatura. Para empezar ―o para concluir, quién sabe― Stephen King duda de su propia permanencia en la posteridad. Comenta que, de todos los novelistas populares ―y ricos, digo yo―, sólo Agatha Christie ha sobrevivido, aunque no está claro por cuánto tiempo.

De entre sus propios libros, King menciona sólo tres como posibles sobrevivientes. Se trata de El resplandor, Salem´s Lot y It. Les concede un plazo limitado, eso sí: de cincuenta a cien años contados a partir de su deceso. Luego, tranquilo, razona que el payaso Pennywise se le independizará. La gente conocerá al payaso, pero no a su creador. “Quién es Stephen King? No lo sabrán”, concluye.

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