Hatshepsut: la mujer faraón de Egipto

Hija de Tutmosis I y Nefertari, tras la muerte de su esposo tenía la misión de ser regente hasta que su hijastro alcanzase la madurez necesaria para ser faraón. Sin embargo, Hatshepsut no se conformaba con la regencia. Ella ambicionaba mucho más: ser faraón de Egipto.

Desde pequeña, Hatshepsut se dio cuenta de que las esposas reales no eran tan respetadas, admiradas y temidas como sus esposos. Por eso, cuando su marido y hermanastro, Tutmosis II, murió dejando como heredero a un niño aún demasiado pequeño para reinar, vio la oportunidad para amasar todo el poder que siempre había soñado.

Hatshepsut sabía que poseía la inteligencia y el valor necesario para dar a su pueblo muchos años de prosperidad y paz. No se durmió en lo laureles, pero también tenía claro que sus movimientos debían ser astutos e incluso lentos. Siete años después de subir al trono, la hija de Tutmosis decidió proclamarse faraón y ordenó que su imagen fuese representada con atributos masculinos. Deseaba dejar clara su dualidad de mujer y faraón.

Hatshepsut: la mujer faraón de Egipto
Hatshepsut, ataviada con elementos masculinos.

La mítica expedición a Punt

Como Hatshepsut no podía ir al campo de batalla a conseguir grandes victorias como sus antecesores, llegó a la conclusión que debía centrarse en las expediciones comerciales. Era otra manera de aparecer victoriosa ante sus súbditos y conseguir el respeto de todos. Por lo tanto, consideró que era el momento perfecto de llegar a la tierra de Punt surcando la orilla sur del mar Rojo, lugar por el que no había pasado una embarcación egipcia en quinientos años.

La misión fue todo un éxito, ya que los emisarios enviados por la reina volvieron con marfil, árboles de mirra, jirafas, panteras, pieles de leopardo, oro… El éxito de la expedición le reportó buena fama. El pueblo se sentía satisfecho. Los aliados de Hatshepsut siempre fueron los grandes funcionarios de la corte y los sacerdotes del templo de Amón en Karnak. De hecho, ella siempre aseguró que en realidad Amón era su padre y que su camino en el trono lo había marcado la mismísima deidad. ¿Quién era ella para negarse a los designios de Amón?

Hatshepsut: la mujer faraón de Egipto
Relieve en el monumento mortuorio de Hatshepsut representando la exitosa expedición a Punt.

Tutmosis III, el heredero

Hatshepsut, nunca planeó hacerle ningún daño físico o desterrar al legítimo heredero. Sin embargo, sí le ninguneó cuanto pudo y lo dejó en un segundo plano ante el resto de la corte. Cuando Tutmosis creció, se dedicó a liderar el poderoso ejército egipcio, convirtiéndose en un guerrero valiente y exitoso a pesar de su juventud.

No pudo evitar sentir rencor hacia la reina según pasaban los años. La veía como una usurpadora que le estaba arrebatando el importante papel que le correspondía en la historia de Egipto. El resquemor que fue almacenando en su interior, lo mostró con creces cuando al morir Hatshepsut ordenó que su nombre y su rostro fuesen borrados como si nunca hubiese existido. De esta manera, jamás aparecería en la lista de los reyes egipcios.

La reina, dejó para la posterioridad el magnífico templo mortuorio de Djeser-Djeseru, en los acantilados de Deir elBahari, al oeste de Tebas, cuyos jeroglíficos comenzaron a ser descifrados en 1822. Es cierto que Tutmosis ordenó que su rostro fuese desfigurado en los templos, pero aún así, se siguieron conservando algunas imágenes relacionadas con la reina, y unas cuantas pudieron ser restauradas con el tiempo.

En 1903, la mujer Faraón Hatshepsut volvió a ver la luz cuando su tumba fue descubierta en el Valle de los Reyes. Su imagen masculinizada había sobrevivido al paso de los siglos, y su legado sería conocido, e incluso admirado, por todos los amantes de la egiptología.

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