¿Cuál fue la primera «fake news» viral de la historia?

En 1835, el periódico The New York Sun estaba cansado de ser superado en ventas por la mayoría de sus rivales. Entonces, decidió inventarse una noticia rocambolesca que atrajese la atención del público. Hoy os vamos a contar cómo se creó la primera fake new de la historia.

No hay nada nuevo sobre el horizonte. Ya está todo inventado. Lo único que hacemos los humanos es repetirlo todo de manera más sofisticada pero con menos gracia y arte. The New York Sun, conocido popularmente como The Sun, fundado en 1833, era un periódico a precio muy económico que pretendía tener una audiencia lo más amplia posible, es decir, de cualquier clase social y pensamiento político.

Sin embargo, desde hacía tiempo las ventas se habían estancado y no conseguían ponerse al mismo nivel que el resto de diarios. Esta situación exasperaba enormemente a su editor, Benjamin Day, que no paraba de pensar una estrategia para igualar o sobrepasar a sus adversarios. Un día, ideó junto a uno de sus redactores, el escritor británico Richard Adam Locke, escribir una serie de artículos con información falsa pero muy sensacionalista.

Por aquellos años, el famoso astrónomo y matemático John Herschel se encontraba en Sudáfrica con el fin de catalogar las estrellas y otros cuerpos celestes que se podían contemplar desde el hemisferio sur del planeta. Obviamente, en aquel tiempo la información no llegaba a cada rincón del mundo en minutos. Por lo que tanto, Day y Locke decidieron que el astrónomo fuese parte importante de sus artículos ya que era muy probable que nunca los leyeses y no pudiera desmentir la información.

“Descubrimientos Celestiales”

Se escribieron un total de seis artículos en los que se aseguraba que Herschel, desde su observatorio en Sudáfrica y gracias a un enorme telescopio, había observado objetos y movimientos extraños en la luna. Según los relatos de Locke, Herschel contempló bosques, ríos, playas y seres vivos de aspecto humano pero con el cuerpo peludo y alas de murciélago.

¿Cuál fue la primera "fake new" viral de la historia?

Los relatos del periódico describían con pelos y señales todas las extrañas criaturas que había conseguido ver el científico con su «portentoso» telescopio. Se hablaba de una especie de grullas con el pico muy largo, cabras que hacían el papel de un animal de compañía, criaturas aladas indescriptibles y animales parecidos a bisontes en miniatura. De manera increíble, Herschel también había podido descubrir que las tribus que habitaban la luna se llamaban “Vespertilio-homo”, los cuales, habían construido un edifico con zafiros al que llamaban Templo Lunar. No es por nada, pero esta historia parece la precuela de Ummo.

Para que el lector no tuviera ni que hacer el esfuerzo de imaginarse nada, cada capítulo de «Descubrimientos celestiales» iba acompañado de unos dibujos extremadamente detallados y un tanto inquietantes. Desde ese momento, el periódico comenzó a venderse como churros tanto en los Estados Unidos como en Europa. Pocos pusieron en duda la información. Si lo contaba la prensa y además nombraban a alguien tan prestigioso como a Herschel, sin duda todo cuanto se escribía era cierto.

Uno de los que estaba convencido de que todo cuanto estaba difundiendo «The Sun» no podía ser cierto fue el mítico Edgar Allan Poe. Principalmente porque los «Descubrimientos celestiales» se parecían demasiado a una historia suya sobre un caballero que viaja a la luna en un globo aerostático. Nos referimos a ‘La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall’, publicada, curiosamente, también en 1835 en el magacín ‘Southern Literary Messenger’

El gran engaño de la luna

Sin duda, el público deseaba creer. Hicieron oídos sordos al sentido común y se dejaron llevar por el ingenio de Locke. Muchos soñaron con irse a la luna para buscar una nueva vida, e incluso hubo grupos de misioneros que estaban preparados para evangelizar a los selenitas. Incluso el resto de periódicos comenzó a hablar de los increíbles descubrimientos de Herschel para intentar sacar tajada del asunto. Pensemos que de tener una tirada de ocho mil ejemplares diarios, «The Sun» subió a casi veinte mil. ¿Cómo no intentar subirse al carro?

Llegó un momento en el que el engaño no pudo sostenerse más. Benjamin Day y Locke acabaron confesando la gran mentira que habían forjado, pero siempre aseguraron que su intención no fue en ningún caso engañar sino hacer una broma a sus lectores. Por increíble que parezca, no hubo consecuencias. Herschel se mostró divertido cuando conoció que le habían involucrado en aquella patraña. Y, efectivamente, el público se tragó que simplemente fue una broma sin maldad y continuaron comprando el periódico como siempre.

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¿Somos igual de crédulos que en 1835?

A priori, teniendo tantos medios a nuestro alance para poder informarnos y formarnos, no parece que seamos una sociedad que se cuestione más las cosas que en 1835. Me atrevería a decir que, incluso, somos más crédulos por pura comodidad. Nos tragamos cualquier trola que nos sorprenda y nos distraiga. Si después no nos queda más remedio que aceptar que fuimos engañados, olvidamos rápido. No queremos reconocer nuestra estupidez y vaguería neuronal.

La informaciones falsas, debido a lo sensacionalistas que son, se convierten en virales en segundos. Los clickbait, están a la orden del día. Lamentablemente, el público premia al que le engaña e ignora al honesto. Valoran más el ser sorprendidos que tratados con respeto y aprecio. Son malos tiempos para la lírica, las publicaciones sobresalientes, la honestidad y el respeto.

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