Hablemos de los estereotipos. En los feudos del cine han de predominar los cuerpos esbeltos, esculturales; la piel apolínea, la carne tonificada. Dicen que, a partir del metro con ochenta centímetros, Hollywood bonifica cada centímetro de más con miles de dólares. He aquí una proporción que no falla: mientras más se parecen los actores (y actrices, lógico) a los figurantes de la moda, peor es la película. Con excepciones, ¿eh? Que a la belleza ―o lo que se ha impuesto por tal― no hay que tenerle miedo. Ahora, ¿qué se puede hacer cuando por los estudios pasa alguien como Joe Pesci?

Los actores que no cumplen con los parámetros de belleza exterior que a lo largo de su historia ha impuesto el cine no siempre se pueden usar como simple relleno. Digamos, Dustin Hoffman, Glenn Close, Danny DeVito, Joe Pesci. Debe quedar claro que en estas notas al paso no se les está llamando feos, que feos no son. Pero han osado presentarse a casting violando los estándares y entonces no les queda más que una salida: el talento. ¿Cómo puede un hombre de 1.60 metros de estatura obtener un papel de matón en una película de Martin Scorsese? Pregúntenle a Joe Pesci.
JOE PESCI POR JOE PESCI
No es el caso de Tom Cruise, que adultera los zapatos para ganar tramposamente unos centímetros de más, según qué papeles. O de Humphrey Bogart (que esta historia no es de ahora), para quien adecuaban los planos, de modo que Ingrid Bergman no pudiera avergonzarlo, mirándolo en picado. Joe Pesci es de tan baja estatura ―de acuerdo con lo que se cuece en Hollywood, insisto―, que no le queda más remedio que seguir siendo como es.

Cosa en la que cumple con creces. En Toro salvaje (Scorsese, 1980), su personaje de Joey es tan salvaje como el de Jake LaMotta, interpretado por Robert De Niro. En otra cinta de Martin Scorsese, la no menos famosa Goodfellas (1990), Joe Pesci les arrebató el Oscar a los demás candidatos a Mejor Actor de Reparto. Y no solo como cínico, escrupuloso y criminal, pues forma parte del elenco de Lethal Weapon 2 (Richard Donner, 1989) y Home Alone (Chris Columbus, 1990), que son comedias y muy taquilleras.
Se ha divulgado un dato bastante elocuente. Martin Scorsese pensó en Pesci para coprotagonizar con De Niro y Al Pacino la superproducción El irlandés (2019), pero Joe Pesci se negó, no una, sino cincuenta veces. Se había convencido de no volver a los estudios, donde había visto y hecho lo suficiente. Cedería, por supuesto, y se acreditó otra nominación a los premios Oscar, nuevamente en el cuerpo y el alma de un mafioso.

Actor de carácter, bueno igualmente para la comedia, músico y cantante, Joe Pesci parece que no tuvo tiempo para ponerse a pensar en los estereotipos. Y si lo hizo fue para dinamitarlos, costase lo que costase. Que costar, sí que cuesta, no vaya usted a suponer lo contrario.