Papeles secundarios

¿La suerte o el talento? ¿El porte o la gestualidad? ¿Estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado? En fin, ¿qué hace que algunos actores carguen con la cruz de los papeles secundarios? ¿Es cierto que ―digamos― Joe Mantegna no da para más? Atención, que no se trata de advenedizos que “se cuelan” en roles de matones con guiones más que consabidos. Mi pregunta encierra a gente de por sí inteligente, a quienes la gracia “les falla” en algún momento de la existencia y vuelven a ser llamados para actuaciones de reparto.

Pero bien, ¿están ellos mismos inconformes con los papeles que se les ofertan? Veamos el caso del propio Mantegna. El actor, nacido en Chicago en 1947, es más que conocido por su desempeño en películas de gangsters e incluso pone voz al Gordo Tony en Los Simpsons. Es un profesional respetado y más de un director lo querría en su nómina. Pero pensemos: ¿por qué en la tercera parte de El padrino, de Francis Ford Coppola representa a Joey Zasa y no a Michael Corleone? Esta pregunta no tiene la más mínima carga de burla. Me intriga el destino de aquellos que nadie jamás catalogaría como mediocres y que sin embargo son alérgicos a los papeles protagónicos.

PAPELES SON PAPELES

Eric Bana, por ejemplo. Nacido en Australia en 1968, tuvo una actuación breve y memorable en Troya, de Wolfgang Petersen.  Allí es Héctor, el príncipe troyano, muerto y vejado por el furioso Aquiles, encarnado por Brad Pitt. ¿Y si diéramos vuelta a la ecuación, esto es que Eric Bana fuera Aquiles y Brad Pitt sólo Héctor? Ese sólo está en letra cursiva para destacar que los papeles secundarios son, además, aquellos que consumen poco metraje, porque su tiempo en pantalla no puede interferir con el de la verdadera estrella.

La aclaración que sigue es tan obvia como necesaria. Cualquier buen actor ―damos por hecho que se habla de un cine “de verdad”― puede recibir ofertas como protagonista y, de hecho, así ocurre. El propio Eric Bana ha sido la figura principal de comedias y películas de espionaje. De bajo presupuesto, eso sí. Porque el sistema tiene caracterizadas a sus estrellas y juega al seguro. Cuando se pretende gastar grandes sumas se tiran las cartas marcadas. Las celebridades se construyen, tanto en los estudios como en las páginas de anuncios. ¿Cuántos kilómetros tiene recorridos Brad Pitt sobre la alfombra roja? ¿Cuántos tiene Joe Mantegna?

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