Jack, el saltarín: ¿una de las primeras leyendas urbanas de la historia?

Durante la época victoriana, un extraño ser estuvo atemorizando a la población de Londres. Una especie de criatura de afiladas garras, risa diabólica e increíble habilidad para saltar por los tejados de la ciudad provocó la histeria colectiva. ¿Quién era Jack, el saltarín?

Años antes de que Jack, el destripador aterrorizara Whitechapel, hubo otro Jack que mantuvo en vilo a Londres, las Tierras Medias y Escocia. Todo comenzó en 1837. Una noche, un hombre volvía a su casa tras una dura jornada de trabajo y de repente saltó desde los muros del cementerio una extraño ser que le cortó el camino. No le hizo nada, simplemente le asustó, y aunque la aparición fue fugaz, al hombre le dio tiempo a fijarse muy bien en la extraña criatura. Dijo que tenía los ojos saltones y brillantes, muy musculoso, y con la nariz puntiaguda. Parecía estar describiendo a Belcebú. En ese momento nació la figura de Spring Heeled Jack (Jack, el saltarín).

Poco después, una mujer llamada Mary Stevens fue asaltada por Jack cuando regresaba a su trabajo. En esta ocasión no se contentó simplemente con asustarla, sino que le rasgó las vestiduras con sus afiladas garras e intentó reducirla. Afortunadamente, la mujer sacó fuerzas para gritar con toda su alma, con lo que consiguió alertar a quienes estaban en sus casas para que acudieran a socorrerla. Jack, huyó dando grandes brincos y soltando terroríficas carcajadas.

A partir de entonces, se dispararon las denuncias de personas que juraban haberse encontrado con semejante criatura al anocher. Las descripciones solían ser siempre muy parecidas: garras frías y puntiagudas, ojos centelleantes, capaz de dar saltos de tres metros si era necesario y risa diabólica al huir. Jack, el saltarín comenzó a interceptar también a los cocheros cuando iban en marcha, lo que provocó muchos accidentes, algunos de graveda

 El puesto de guardia en Aldershot

En 1877, seguía haciendo de las suyas Jack, el saltarín. En todos aquellos años la policía apiló montones de denuncias sobre la extraña criatura, pero habían sido incapaces de saber quién o qué era aquella especie de diablo burlón. Aquel año, en un puesto de guardia de Aldershot, en el condado de Hampshire, a 60 km de Londres, Jack se fue acercando a uno de los centinelas entre brinco y brinco.

Sin que el soldado pudiese reaccionar ante el espanto que estaba viviendo, sintió como la criatura le abofeteaba con su mano helada y huesuda. Otro de los centinelas acudió en su ayuda y le dio el alto, pero Jack se marchó brincando y riendo burlonamente. En algunas versiones se cuenta que el soldado llegó a disparar al saltarín, el cual, como respuesta, emitió una especie de llamarada azul por la boca. En otros relatos, se asegura que el centinela disparó balas de fogueo a modo de advertencia sin que hubiera respuesta de la extraña criatura.

El extraño bicho parecía ser inmortal, porque también se asegura en algunas fuentes que se le volvió a ver en 1904 al oeste de Inglaterra. Apareció en el tejado de una iglesia, ante la estupefacta mirada de la multitud, dio un brinco y se abalanzó hacia la gente entre risas y enormes saltos. Aquellos que pudieron fijarse mejor en él le describieron como siempre dijeron todos los testigos: musculoso, con ropa blanca apretada, ojos centelleantes, nariz y orejas puntiagudas, manos como garras, una especie de casco en forma de huevo en la cabeza …

Teorías sobre la identidad de Jack, el saltarín

Parece ser que realmente existió aquella criatura. Los investigadores y divulgadores que se han interesado por el tema han descartado que fuera una leyenda urbana, pero sí es posible que la histeria o sugestión colectiva influyera. Se intentó descubrir su identidad, pero a las fuerzas del orden británicas de la época les fue imposible hallar pista alguna. Evidentemente, nunca se plantearon que fuera un personaje de otras dimensiones o de otro planeta. Tenían muy claro que varias personas a lo largo de los años se habían enfundado el traje de Jack, el saltarín para asustar a la gente y reírse a su costa.

En algún momento, existió la teoría de que aquello lo había organizado un grupo de amigos perteneciente a la alta sociedad. Habrían ideado aquel extraño personaje en el que se enfundaban por turnos para divertirse. Incluso corrió el rumor de que aquello era una apuesta, y el que consiguiese traumatizar a treinta personas con el disfraz de Jack ganaría. No fue más que una mera hipótesis.

Es posible que en muchas de las denuncias o en las declaraciones de los testigos, se añadiesen datos sobre el personaje que en realidad no existieron. Eso no significa que mintieran, quiere decir que el pánico pudo provocar que distorsionaran la realidad. Quizás, algunos convirtieron a un simple ladrón en Jack simplemente porque tenía las manos huesudas, los ojos saltones o llevaba un traje similar al que se describió en los periódicos. No hay nada menos fiable que un testigo ocular. Un misterio más sin resolver.