Frederick Bailey Deeming nació el 30 de julio de 1853 en Ashby-de-la-Zouch, Leicestershire, Inglaterra. Desde joven demostró tener una vida oscura: pequeño ladrón, estafador y mentiroso profesional. Se fugó al mar a los 16 años, cambió de país y de identidad con la misma facilidad que cambiaba de camisa. Su habilidad para seducir mujeres y mentirle hasta al espejo lo convirtió en una figura inquietante. Con el tiempo se casó en múltiples ocasiones, en diferentes países, mientras tejía una vida de crímenes y engaños.
Primer asesinato en Inglaterra
En 1881 Deeming se casó con Marie James y la llevó a Australia. Tuvieron cuatro hijos, pero pronto la relación se vino abajo. Él acumuló deudas, robos y una condena por robo en Sídney. Huyó a Sudáfrica, volvió a Inglaterra bajo el alias Harry Lawson y se casó en estado de bigamia con Helen Matheson en 1890. Las sospechas de su conducta llevaron a su desaparición veloz y una nueva vida fraudulenta. El momento más oscuro ocurrió en julio de 1891, cuando, ya en Rainhill, Lancashire, mató a su primera esposa Marie y a sus cuatro hijos, enterrando sus cuerpos debajo del suelo de su casa. El infierno familiar fue descubierto meses después, y Deeming escapó nuevamente. Esa masacre marcó el comienzo de su leyenda oscura.
El asesinato en Melbourne y su caída
Deeming reapareció en diciembre de 1891 en Melbourne como “Frederick Druin”, casado con Emily Mather. Compartían una casa en Windsor, pero tras abandonar precipitadamente el lugar, el nuevo inquilino alertó a las autoridades por un olor fétido. Bajo la chimenea descubrieron el cadáver de Emily, oculto con cemento secundario bajo el suelo. Había sido brutalmente golpeada y degollada. Las investigaciones revelaron numerosas identidades falsas, sus conexiones con otras muertes y su pasado criminal en Australia. El juicio fue breve: en menos de tres meses después del asesinato, Deeming fue condenado y ejecutado en mayo de 1892 en la Old Melbourne Gaol. Su partido influyó que el primer ministro Alfred Deakin lo representara judicialmente. Fue sentenciado por asesinar al menos seis personas (su primera esposa, cuatro hijos y Emily), aunque podrían ser más.
¿Por qué se relacionó con Jack the Ripper?
El nombre Frederick Deeming rápidamente evocó comparaciones con Jack the Ripper. ¿Por qué? Primero, viajaba por países, ausente justo cuando ocurrieron los asesinatos en Whitechapel en 1888; segundo, mataba a mujeres, algunas con degollamiento; y tercero, su comportamiento perverso y sádico encajaba con el perfil violento. Además, se dijo que él mismo confesó a prisioneros haber sido el Ripper, aunque los policías no le creyeron. La prensa comparó su escritura con las cartas del Ripper. Sin embargo, a diferencia del asesino de Whitechapel, perseguía familias, no prostitutas, y la mutilación en sus crímenes era muy distinta. Por estas razones, muchos investigadores actuales descartan que Frederick Deeming fuera Jack the Ripper.

La psicopatía detrás del carisma
Deeming era encantador. En Sudáfrica y Australia seducía con palabras, mentiras y falsas promesas de riqueza. Su fachada era la de un hombre culto y elegante. Sin embargo, las biografías atribuyen a Deeming traumas infantiles y un complejo religioso impuesto por su madre, lo que le habría creado una personalidad doble, con episodios de locura emocional y ego desmedido. En prisión comenzó a escribir una supuesta autobiografía por la cual ofrecieron al gobierno australiano 1 000 libras, pero apareció sospechosamente destruida tras su ejecución.
La investigación policial y el juicio
La policía británica y australiana le dio seguimiento friccional. En Inglaterra compararon su caligrafía con la de las cartas de Jack el Ripper, pero no encontraron vínculo decisivo. En Melbourne, su juicio fue ágil y eficiente: identificación mediante los documentos y cartas dejadas en la casa, testimonios de la destrucción del lugar y la conexión de identidades múltiples. El entorno legal de la época en Victoria favorecía la rapidez judicial. En apenas cuatro días, Deeming fue declarado culpable y ejecutado el 23 de mayo de 1892.
Impacto mediático y leyenda negra
La historia de Frederick Deeming desató una histeria mediática llamada “Deemania”. Prensa de Australia e Inglaterra lo apodó “el tigre humano” y “el monstruo del siglo XIX”. Tras su muerte circularon canciones infantiles celebrando su ejecución, con letras como “las campanas repican alegres porque ya no matará más” y le atribuían ser Jack the Ripper. En Londres se repitió ese estribillo, y hasta se especuló que su máscara mortuoria, moldeada tras su ejecución, sería exhibida en Scotland Yard. Su caso fue registrado como uno de los primeros grandes crímenes internacionales, con cobertura en diarios de tiempos coloniales. Muchos consideraban que la misma persona que degollaba a su familia en Inglaterra, podría haber sido responsable de los macabros crímenes en Whitechapel.
Deeming en la cultura y el folclore criminal
Aunque los detectives de investigación actuales le dan pocas probabilidades de ser Jack the Ripper, la historia de Frederick Deeming sigue fascinando. Aparecen en documentales, libros de true crime y tours temáticos de Jack el Destripador. Investigadores como Maurice Gurvich y Christopher Wray destacaron su perfil enfermizo. Se han publicado artículos en archivos nacionales australianos y británicos. En internet hay debates entre quienes afirman que pudo haber estado en Londres en 1888 y quienes explican que sus asesinatos fueron muy distintos: Deeming buscaba dinero, no placer ritual, sus víctimas no eran prostitutas y no había mutilación como en Whitechapel. Aun así, hay cierta atracción por lo que representa: un asesino itinerante que se reinventaba a sí mismo y escapaba del pasado hasta que la justicia lo atrapó. Quizás por eso, Frederick Deeming sigue sonando en charlas de true crime, podcasts y estanterías de librerías.
En resumen: ¿meramente un asesino más o un mito criminal?
Frederick Deeming fue, sin lugar a dudas, un asesino múltiple carismático, manipulador, capaz de matar a su familia y ocultar los cuerpos con una frialdad impactante. Pero la hipótesis de que fue Jack the Ripper no pasa del folclore: diferencias en modus operandi, en perfil psicológico y en víctimas dificultan equipararlo al asesino de Whitechapel. Su historia es un ejemplo de cómo algunos criminales usan máscaras sociales –alias, modales, mentiras– para ocultar su naturaleza y que solo la coincidencia temporal y el pánico colectivo los convierten en leyendas. En definitiva, Frederick Deeming es un monstruo real, que solo algunos quisieron convertir en otro mito aún más famoso. Y si buscas un relato de asesinatos en serie, su vida lo tiene todo: mentiras, viajes, sangre y alas para volar… hasta que la ley lo alcanzó.
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