Desde un tiempo a esta parte no tengo claro si debo cerrar esta bendita web o continuar con ella. El éxito de público nunca ha llegado. A la mayoría de la gente no le interesa un pito leer mis entrevistas y mis artículos. No paso de cinco a seis lectores. Si toco algún tema relevante puedo llegar a 70, pero hasta ahí. A los algoritmos no les resulto nada atractiva. Y el boca a oreja tampoco está a mi favor.
Comencé esta web con una ilusión enorme. Adentrándome en el mundo de la cultura y el espectáculo con la ilusión de una niña. Creí que mi entusiasmo unido a mi talento me allanarían el camino. Qué ingenua y estúpida fui. No conté con el SEO, los enlaces salientes, los internos, las palabras clave… el problema es que cuando conté con ello la situación tampoco cambió demasiado. Sí, la publicación quedaba técnicamente impecable pero seguían siendo 5 o 6 lectores.
Es descorazonador ver pasar el tiempo y que entrevistas como la de José Luis Gil, María Casal, Fernando Rueda o Cosimo Fusco queden en nada. Como lágrimas en la lluvia. Me encanta esta expresión, considero que me representa totalmente porque la mayor parte de mi vida me he sentido invisible, los mismo que las lágrimas rodando por mis mejillas cuando diluvia. Nadie ve mi dolor, nadie me ve, en definitiva.

Mi ángel de la guarda, el cual ya no sabe qué demonios hacer conmigo, sabe perfectamente lo mucho que he amado esta web y todo el tiempo que he empleado en ella. Me decía a mí misma que con perseverancia y esfuerzo lograría alcanzar el éxito. Así llevo diez años, y francamente me parecen demasiados. A nadie le interesa, a nadie le gusta, a nadie le apetece publicitarla. Es como si tuviera impregnado en mi piel un repelente anti-éxito. Es que ni me roza. Si supiera la fórmula la patentaría contra aprovechados y manipuladores.
El peor momento que viví con MiCinexin ocurrió hace un par de años, cuando confié en quién no debía y me mezclé en un proyecto que olía a fracaso e inutilidad por todos los lados. No lo quise ver. Necesitaba que la web funcionase como fuese para dar en las narices a muchos, y me quedé donde no debía aunque mi instinto me dijese que por ahí no era. Le di una patada a la intuición e hice el canelo durante un tiempo. Cuando rompí con aquella locura hice algunas entrevistas, pero me he sentido incapaz de transcribirlas y publicarlas. No es que simplemente estuviera bloqueada, sino que una parálisis creativa y emocional me invadió encadenando mis manos y mi coraje.

Últimamente, el contenido de la web son artículos hechos con IA supervisados por mi. Es lo máximo que he podido hacer. Y claro, como es normal en mi vida tampoco ha funcionado, Desde entonces me ronda la pregunta de si me merece la pena continuar, porque ya las pocas ganas que me restaban van flaqueando. Por otro lado, el enfado conmigo misma y el mundo va creciendo más que el agujero de la capa de ozono. ¿No soy buena? ¿Me falta talento? ¿No sé utilizar el SEO? ¿La gente es imbécil? ¿El público ya no lee? Todos tenían razón menos yo. Es indudable. Es obvio.
Y bueno, este pequeño desahogo que estoy escribiendo también lo leerán dos o tres…con suerte. A nadie le interesan los lamentos de plañidera de una señora. Bastante tenéis cada uno con lo vuestro. Aún así, necesitaba sacarlo de mi corazón. Lanzarlo al viento y tener la esperanza de que me venga una inspiración o que ocurra un pequeño prodigio que lo cambie todo para bien. Los prodigios existen, sé que a veces ocurren cosas maravillosas. quién sabe si a la vida le da por tomarse un café conmigo y brindarme una segunda oportunidad. Yo la animaría a hacerlo, mi café es muy rico y no digamos mi conversación.
En fin, creo que me daré unas semanas más para decidir qué hacer con MiCinexin, mi bebé, mi niño bonito.

