Cuando hablamos de asesinos en serie, solemos pensar en criminales del siglo XX o XXI. Sin embargo, Portugal tiene una historia macabra que se remonta al siglo XIX, protagonizada por un hombre cuyo nombre sigue resonando en la criminología del país: Diogo Alves, el primer asesino en serie de Portugal. Este criminal sembró el terror en Lisboa con una serie de asesinatos brutales y su historia es tan inquietante que incluso su cabeza fue preservada después de su ejecución.
Sus crímenes estuvieron vinculados al famoso Acueducto de las Aguas Libres, desde donde arrojaba a sus víctimas tras asaltarlas. Se estima que asesinó a más de 70 personas, convirtiéndose en el primer caso documentado de un asesino en serie en el país. Su historia ha quedado grabada en la memoria colectiva no solo por su violencia, sino por la extraña decisión de la ciencia de conservar su cabeza después de su muerte.
Los inicios de un asesino
Diogo Alves nació en 1810 en Galicia, España. Como muchos otros gallegos de la época, emigró a Lisboa en busca de una mejor vida. En un principio, trabajó como sirviente, pero pronto se dio cuenta de que la delincuencia era un camino más rápido y fácil para conseguir dinero.
Comenzó con pequeños robos, pero su ambición creció y pasó a organizar asaltos cada vez más violentos. Con el tiempo, dejó de limitarse a robar y empezó a asesinar sin piedad, iniciando así su trayectoria como el primer asesino en serie de Portugal.
El acueducto de Lisboa: Su macabro lugar de ejecución
Entre 1836 y 1839, Diogo Alves utilizó el Acueducto de las Aguas Libres como su escenario de crímenes. Este impresionante acueducto, construido para abastecer de agua a Lisboa, tenía una altura de más de 60 metros y era un punto de paso habitual para muchos viajeros y trabajadores que se dirigían a la ciudad.
Alves se aprovechó de esto y convirtió el acueducto en su zona de caza. Su método era simple pero aterrador: esperaba a sus víctimas en el acueducto, las asaltaba, les robaba y luego las arrojaba al vacío. Su objetivo era que estos crímenes parecieran suicidios y así evitar sospechas.
Durante años, las autoridades creyeron que la ciudad estaba sufriendo una extraña ola de suicidios, sin imaginar que en realidad estaban siendo víctimas de un asesino en serie. Se estima que al menos 70 personas murieron a manos de Alves en este lugar, aunque el número exacto sigue siendo incierto.

El fin del «asesino del acueducto»
El número de cuerpos encontrados al pie del acueducto empezó a preocupar a las autoridades. Aunque al principio pensaban que eran suicidios, la cantidad creciente de «incidentes» los llevó a sospechar que algo más estaba ocurriendo. Finalmente, en 1839, las autoridades decidieron cerrar el acceso al acueducto para evitar más muertes.
Esto no detuvo a Diogo Alves, quien simplemente cambió de táctica. Formó una banda criminal y continuó con su vida delictiva en otras zonas de Lisboa. Sus nuevos crímenes fueron aún más violentos, incluyendo robos a viviendas y asesinatos a sangre fría.
El asesinato en la casa del médico
Uno de los robos más atroces de Alves ocurrió en la casa de un médico adinerado de la ciudad. Se dice que Alves y su banda irrumpieron en la residencia con la intención de robar dinero y objetos de valor. Sin embargo, el robo escaló rápidamente en violencia.
Se cree que durante el asalto, la banda no solo saqueó la casa, sino que asesinó brutalmente a todas las personas que se encontraban dentro, lo que habría incluido al médico, su familia y posiblemente algunos sirvientes. No dejaron testigos.
La brutalidad de este crimen conmocionó a la sociedad lisboeta, ya que no se trataba solo de un robo común, sino de un asesinato en masa dentro de una casa respetable. A diferencia de los crímenes del acueducto, donde las víctimas podían pasar desapercibidas como suicidios, este caso fue demasiado escandaloso para ser ignorado por las autoridades.
La detención de Diogo Alves
Este crimen fue el punto de quiebre para Diogo Alves. Hasta entonces, sus crímenes en el acueducto habían pasado desapercibidos durante años porque se pensaba que las víctimas se suicidaban. Pero el asesinato de una familia entera en su propia casa generó indignación y puso a las fuerzas de seguridad en alerta máxima.
Las autoridades comenzaron a investigar y finalmente dieron con Alves y su banda. Aunque no hay registros exactos sobre cómo fue su captura, se sabe que fueron arrestados poco después del crimen y sometidos a juicio.
Durante el juicio, Alves fue declarado culpable de múltiples asesinatos y sentenciado a la pena de muerte. En 1841, fue ahorcado en Lisboa, poniendo fin a su reinado de terror. Su ejecución lo convirtió en uno de los últimos criminales ajusticiados en Portugal antes de que el país aboliera la pena de muerte para delitos civiles en 1867.

La cabeza de Diogo Alves: Un enigma científico
Aunque la historia de Diogo Alves pudo haber terminado con su ejecución, ocurrió algo inusual. Los científicos de la época estaban fascinados por su mente criminal y querían estudiarlo. Creían que su cerebro podía contener pistas sobre lo que hacía que alguien se convirtiera en un asesino en serie.
Por esta razón, su cabeza fue separada de su cuerpo y preservada en formol para su estudio. Hasta el día de hoy, su cráneo sigue en el laboratorio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Lisboa, siendo uno de los restos humanos más famosos de la historia criminal del país.
En su momento, los científicos intentaron analizar su fisonomía bajo la creencia de que ciertas características físicas podían determinar la personalidad criminal de una persona. Aunque con el tiempo esta teoría ha sido desacreditada, la cabeza de Diogo Alves sigue siendo una de las reliquias más inquietantes de Portugal.
Sus crímenes marcaron a la sociedad
El caso de Diogo Alves marcó un antes y un después en la historia criminal de Portugal. Antes de su captura, los asesinatos en el acueducto se atribuían a suicidios, pero cuando se reveló la verdad, la percepción de la seguridad en Lisboa cambió.
Su historia también influyó en el debate sobre la pena de muerte en el país. Aunque fue ejecutado, su condena fue una de las últimas en Portugal antes de la abolición de la pena capital para delitos civiles.
Por otro lado, su caso sirvió como base para futuras investigaciones sobre criminología en el país, y su cabeza sigue siendo objeto de curiosidad tanto para científicos como para historiadores.
¿Diogo Alves fue realmente un asesino en serie?
Hoy en día, muchos lo consideran el primer asesino en serie de Portugal, pero algunos criminólogos debaten si realmente encaja en esta categoría.
Los asesinos en serie modernos suelen cometer crímenes con un patrón específico y motivaciones psicológicas profundas. En el caso de Diogo Alves, sus asesinatos parecían estar motivados principalmente por el robo.
Sin embargo, la brutalidad con la que mataba, la frialdad con la que operaba y el hecho de que matara repetidamente durante años lo colocan dentro de la categoría de asesinos múltiples.
Más de 180 años después de su ejecución, la historia de Diogo Alves sigue generando preguntas. Su brutalidad, su conexión con el acueducto y el hecho de que su cabeza aún esté conservada lo convierten en una figura legendaria del crimen portugués.
Su historia ha inspirado múltiples relatos, documentales y debates sobre la naturaleza del crimen y la psicopatía. ¿Nació siendo un asesino o las circunstancias lo llevaron a convertirse en uno? Tal vez nunca lo sabremos con certeza, pero su legado oscuro sigue vivo en la historia criminal de Portugal.
Diogo Alves, el primer asesino en serie de Portugal, dejó una huella imborrable en la historia del país. Sus crímenes y su destino final continúan siendo una fuente de fascinación macabra, y su cabeza preservada es un símbolo de cómo el crimen y la ciencia a veces se entrelazan de formas inquietantes.
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