El caso de Eliza Fenning en 1815 es uno de los episodios más controvertidos de la justicia británica, que generó un intenso debate sobre la equidad del sistema judicial de la época. Este incidente, que culminó con la ejecución de una joven sirvienta acusada de intento de asesinato, puso de relieve las deficiencias en la administración de justicia y la influencia de las clases sociales en los veredictos.
Contexto histórico y antecedentes
Eliza Fenning nació alrededor de 1792 en una familia humilde. Desde los 14 años, trabajó como sirvienta doméstica en diversas casas. A finales de enero de 1815, fue contratada como cocinera por Orlibar Turner, un comerciante que residía en el número 68 de Chancery Lane, Londres. Su estancia en esta casa sería breve pero decisiva en su destino.
El incidente de los dumplings envenenados
El 21 de marzo de 1815, la familia Turner —compuesta por Orlibar Turner, su hijo Robert Gregson Turner y su nuera Charlotte Turner— sufrió una grave intoxicación tras consumir unos dumplings de levadura preparados por Eliza. Todos experimentaron síntomas severos de envenenamiento, pero lograron recuperarse con el tiempo. La sospecha recayó rápidamente sobre Eliza, ya que se descubrió que se había mezclado arsénico con la masa de los dumplings. El arsénico se almacenaba en un cajón al que Eliza tenía acceso, lo que fortaleció las acusaciones en su contra.

El juicio en Old Bailey
Eliza fue arrestada y llevada a juicio en Old Bailey el 11 de abril de 1815, acusada de administrar arsénico con la intención de asesinar a la familia Turner. Durante el juicio, se presentaron pruebas que indicaban que Eliza había solicitado permiso para preparar los dumplings y que estuvo sola en la cocina durante su elaboración. El arsénico sí estaba presente en los dumplings, lo que causó la intoxicación de la familia Turner. Sin embargo, durante el juicio se argumentó que la harina y la leche utilizadas no contenían veneno, lo que sugería que el arsénico había sido agregado después de la preparación inicial de la masa.
El problema con esta afirmación es que no se realizó una investigación científica adecuada para determinar con certeza cómo el veneno llegó a los dumplings. La acusación se basó principalmente en que Eliza tenía acceso al cajón donde se guardaba el arsénico, lo que fue utilizado como prueba circunstancial en su contra.
Un aprendiz de Turner, Roger Gadsden, también consumió una porción de los dumplings y cayó enfermo, aunque Eliza le había advertido que no los comiera. Eliza se declaró inocente, alegando que ella misma había ingerido los dumplings y había enfermado, lo cual fue corroborado por la madre de Turner, quien afirmó haber encontrado a Eliza muy enferma al llegar a la casa. Cinco testigos testificaron a favor de Eliza, destacando su buen carácter y naturaleza respetable. Sin embargo, el juez dirigió al jurado en su contra, y Eliza fue declarada culpable y sentenciada a muerte. Al escuchar la sentencia, Eliza colapsó y fue sacada del tribunal inconsciente.

Ejecución y reacción pública
A pesar de los esfuerzos de amigos y simpatizantes para obtener una conmutación de la sentencia, Eliza fue ejecutada el 26 de julio de 1815, junto con otros dos condenados por delitos distintos. Antes de su ejecución, Eliza proclamó su inocencia, declarando: «Ante el justo y todopoderoso Dios, y por la fe del santo sacramento que he tomado, soy inocente del delito del que se me acusa». Su funeral, celebrado cinco días después en St George the Martyr, Bloomsbury, atrajo a una multitud de hasta 10,000 personas, reflejando la creencia generalizada en su inocencia.
Polémica y legado
El caso de Eliza Fenning generó un debate significativo sobre la justicia y la aplicación de la pena capital. William Hone, en su libro «The Important Results of an Elaborate Investigation into the Mysterious Case of Eliza Fenning», cuestionó la validez de las pruebas presentadas en su contra y sugirió que su ejecución sirvió como advertencia para otros sirvientes. Figuras prominentes como Samuel Parr y Charles Dickens también expresaron dudas sobre su culpabilidad.
El caso destacó la necesidad de mejorar los procedimientos judiciales y la importancia de la evidencia forense en los juicios penales. Sandra Hempel, autora especializada en temas de salud, señaló que el caso de Eliza Fenning contribuyó al desarrollo de la ciencia forense y a una mayor atención a la evidencia científica en los tribunales.
El trágico destino de Eliza Fenning sirve como un recordatorio de las injusticias que pueden ocurrir en ausencia de un sistema judicial equitativo y de la importancia de la evidencia sólida en los procesos penales. Su caso sigue siendo un ejemplo emblemático de los desafíos y errores de la justicia en el siglo XIX.
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Teorías sobre lo que pudo haber pasado
Eliza fue inocente y alguien más contaminó la masa
No había pruebas directas de que Eliza pusiera el arsénico en los dumplings.
Ella misma comió de los dumplings y enfermó, lo que sería ilógico si hubiera intentado envenenar a la familia.
Se dice que la nuera, Charlotte Turner, no se llevaba bien con Eliza y pudo haberla acusado injustamente.
Envenenamiento accidental
En aquella época, el arsénico era de uso común en los hogares (se usaba para matar ratas).
No existían normas estrictas de seguridad, por lo que es posible que la contaminación fuese accidental.
Eliza realmente puso el veneno
Esta es la versión que aceptó el tribunal, aunque no hay pruebas directas.
Se basó en la sospecha de que ella tenía acceso al arsénico y había insistido en hacer los dumplings.
El problema es que el juicio estuvo lleno de prejuicios sociales y errores legales. No se analizaron todas las posibilidades, y la defensa de Eliza no tuvo oportunidad de demostrar su inocencia. Por eso, su caso se convirtió en un ejemplo de injusticia judicial, y muchas personas en su época creyeron que su ejecución fue un terrible error.

