Entre The Great Train Robbery, de 1903 y How the West was Won, estrenada en 1962, se debate la personalidad de los Estados Unidos de América. La primera es la película que da origen al género conocido como western u oeste. Dura 12 minutos, pero simbólicamente le pertenece todo el tiempo. La segunda es probablemente la más extensa de su tipo: dura 2 horas y 42 minutos. La primera es dirigida por Edwin S. Porter, de quien sólo los especialistas se acuerdan. Para la segunda se necesitaron cuatro directores: Henry Hathaway, George Marshall, Richard Thorpe y el mejor de todos, el imprescindible John Ford. ¿Cuál es el denominador común de todas? El revólver.

Una conocida ―y malsana― costumbre concede a cada distribuidor el derecho a cambiar el título de una película dada, de acuerdo con conveniencias lingüísticas o de mercado. Sólo por ello y sin pretensiones culteranas, se citan en este artículo los títulos de cada filme en el idioma original. Por ejemplo, The Great Train Robbery se ha traducido como El gran robo al tren y además como Asalto y robo al tren. Por su parte How the West Was Won también se distribuyó en su momento con la traducción más literal de Cómo se ganó el Oeste.
Eso era: ganar, colonizar, empezar de cero como en el Génesis. Y esa es una de las causas de la popularidad del género. Las películas del oeste son, en modo pop, la mayor propaganda de la voluntad fundadora de los Estados Unidos de América. Se prestan como ninguna otra para el relato de toques épicos y muestran de conjunto, incluso, el indetenible avance del capitalismo con la asimilación de la máquina de vapor (el tren), el telégrafo y más tarde también la luz eléctrica.

CIVILIZADOS A PUNTA DE REVÓLVER
Nada más oportuno para el cine de acción que la pugna entre el bien y el mal, el robo y el sacrificio honesto; la anarquía y la justicia en tierras vírgenes. Parece ser que de todo eso, lo menos real es el revólver. No es que no se portaran o no se hicieran funcionar. Pero esos duelos en calles polvorientas, con la expectativa de quién desenfunda antes, son la insistente teatralización de episodios menos honrosos, que no desechaban los tiros por la espalda, ni el asesinato de variado tipo. Recuérdese que Billy the Kid, uno de los pistoleros de quienes hay registros históricos, cayó con nocturnidad, emboscado por Pat Garret. A revólver murió, pero sin puesta en escena.

A pesar de un aluvión de lugares comunes, como el papel de los indios y las mujeres, los infaltables duelos frente al saloon y el sheriff poco menos que invencible, los westerns o películas del oeste han marcado la historia del cine. Bien que mal, nos relatan historias de fundación y violencia, fidelidad y alevosía, estoicismo y crimen, ingredientes que ningún realizador en su sano juicio desdeñaría. Para comprometerse, este redactor confiesa de inmediato sus preferencias: The Man Who Shot Liberty Valance (En España Un tiro en la noche), dirigida por John Ford y estrenada en 1962. Paint your Wagon (La leyenda de la ciudad sin nombre), de 1969 y dirigida por Joshua Logan. 3:10 to Yuma, de James Mangold (2007). ¿Que son gustos raros? Puede ser. Saca tú el revólver.