La península ibérica ha sido hogar de múltiples civilizaciones a lo largo de la historia, pero antes de la llegada de los romanos, dos culturas predominaban en sus tierras: los íberos y los celtas. Aunque tenían diferencias notables en sus formas de vida, compartían un fuerte vínculo con la naturaleza y con las tradiciones alimentarias que se adaptaban a su entorno. En este artículo, exploraremos la gastronomía y costumbres de estos pueblos antiguos, descubriendo cómo influyeron en la identidad cultural de la región.
Alimentación en la península ibérica: lo que comían los íberos y los celtas
La dieta de los íberos
Los íberos, asentados principalmente en la costa mediterránea de la península, tenían una dieta variada basada en productos autóctonos y técnicas de cultivo avanzadas. Eran excelentes agricultores y aprovechaban la fertilidad del suelo para cultivar cereales como la cebada, el trigo y el mijo, que luego transformaban en pan y gachas. Además, las legumbres como lentejas y habas formaban parte esencial de su alimentación diaria.
En cuanto a las proteínas, el cerdo era uno de los animales más consumidos, junto con cabras y ovejas. También pescaban en ríos y en el mar, especialmente en las zonas costeras, donde aprovechaban especies como la dorada y la lubina. La salazón del pescado era una técnica común que permitía conservar los alimentos por más tiempo.
El aceite de oliva y el vino también eran parte importante de la gastronomía íbera, influenciados por el comercio con los fenicios y griegos. Se han hallado restos arqueológicos de almazaras que indican que producían su propio aceite. Además, el vino formaba parte de sus rituales y reuniones sociales, aunque es probable que lo endulzaran con miel para suavizar su sabor.

La dieta de los celtas
Los celtas, por otro lado, se ubicaban mayormente en el noroeste de la península ibérica y tenían una dieta diferente, adaptada a las duras condiciones climáticas de la región. Eran expertos ganaderos y basaban gran parte de su alimentación en la carne de res, cerdo y caza. Los productos lácteos como la leche, el queso y la mantequilla eran esenciales en su dieta y se utilizaban para complementar su alimentación.
Los cereales también eran importantes, especialmente la cebada y el centeno, que utilizaban para hacer pan y cerveza. Los celtas fueron grandes consumidores de esta última, fabricándola a partir de la fermentación de cereales y hierbas aromáticas.
Las frutas y frutos secos, como manzanas, bellotas y avellanas, se recolectaban en los bosques y servían tanto como alimento directo como para hacer harinas o bebidas fermentadas. A diferencia de los íberos, los celtas no tenían una tradición tan marcada con el aceite de oliva ni con el vino, pero aprovechaban otros ingredientes autóctonos para elaborar sus propias bebidas alcohólicas.

Costumbres sociales y rituales gastronómicos
Los banquetes como parte de la cultura
Tanto los íberos como los celtas tenían banquetes que no solo servían para alimentarse, sino también para fortalecer lazos sociales y políticos. En el caso de los íberos, los banquetes eran ocasiones en las que los guerreros y nobles compartían comida y bebida, a menudo en ceremonias religiosas o de celebración de alianzas.
Los celtas, por su parte, tenían grandes festines en los que la carne asada era la protagonista. Se reunían en torno a hogueras y compartían platos comunales, acompañados de cerveza o hidromiel. Estos eventos también tenían un fuerte componente ritual, en los que se hacían ofrendas a sus dioses y se conmemoraban batallas o cosechas exitosas.
Uso de vajilla y utensilios
Los íberos utilizaban cerámica de alta calidad para almacenar y servir la comida. Gracias a su contacto con otras civilizaciones mediterráneas, adoptaron técnicas avanzadas en la producción de vasijas, algunas decoradas con motivos geométricos y figuras humanas. También empleaban cuchillos de hierro para cortar la carne y morteros para triturar granos y especias.

Los celtas, en cambio, usaban recipientes más rústicos de cerámica o madera y preferían cocinar sus alimentos en calderos de bronce. Su gastronomía estaba más orientada al consumo colectivo, con grandes fuentes en las que se compartían los alimentos.

Influencia en la gastronomía actual
Muchas de las costumbres alimentarias de íberos y celtas han perdurado en la gastronomía española y portuguesa actual. Por ejemplo, el uso de cerdo en la dieta peninsular es un legado directo de estos pueblos, con platos como el jamón ibérico y el botillo del Bierzo, que tienen raíces en las antiguas formas de conservar y consumir carne.
El pan, la cerveza y el vino también son parte esencial de la cultura gastronómica ibérica, reflejando la fusión de las tradiciones de estos pueblos con influencias posteriores. Además, el concepto de las reuniones gastronómicas como forma de unión social sigue siendo una práctica habitual en toda la península.
La gastronomía y costumbres en la península ibérica durante la época de los íberos y los celtas muestran la riqueza y diversidad de las primeras civilizaciones que habitaron estas tierras. Su estrecha relación con la naturaleza, el aprovechamiento de los recursos locales y la importancia de la comida en sus tradiciones han dejado una huella imborrable en la cultura peninsular. Aunque el tiempo haya pasado, sus costumbres siguen vivas en muchos aspectos de la gastronomía actual, recordándonos la profunda conexión entre la historia y la comida.
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