Foto portada: despuesdelhipopotamo.com
En plena Guerra Civil Española (1936-1939), los niños intentaban seguir con su vida en medio del caos, el miedo y la incertidumbre. Jugar era una forma de escapar de la realidad, de encontrar momentos de alegría en un entorno desolador. Pero, ¿a qué jugaban los niños en aquel contexto tan difícil? Vamos a descubrirlo.
Juegos tradicionales que sobrevivieron a la guerra
A pesar del conflicto, muchos juegos clásicos siguieron formando parte de la infancia. Juegos como la rayuela, la cuerda, las chapas y la peonza eran muy populares. No requerían materiales costosos y podían jugarse en cualquier rincón de la calle o el campo. La Guerra Civil Española no acabó con estas formas de entretenimiento, aunque sí las condicionó. La falta de recursos hacía que los niños usaran lo que tuvieran a mano: piedras en lugar de canicas, cuerdas improvisadas y superficies de tierra para dibujar la rayuela.
Otro juego clásico era el escondite, que en un contexto bélico adquiría matices más sombríos. No era raro que los niños utilizaran refugios antiaéreos o ruinas como escondites, lo que añadía un componente trágico al simple acto de jugar.
Jugar a la guerra: una normalización del conflicto
En tiempos de guerra, los niños imitan lo que ven. No es de extrañar que muchos de sus juegos giraran en torno a la guerra misma. Con palos simulaban rifles, con piedras hacían de granadas y con cartones improvisaban cascos y trincheras. El conflicto estaba en todas partes y se reflejaba inevitablemente en su forma de jugar.
Los niños también organizaban bandos, dividiéndose entre republicanos y nacionales, dependiendo de su entorno o de lo que escuchaban en casa. A veces, estos juegos terminaban en peleas reales, reflejando la polarización del país incluso en la infancia.

Juguetes de fabricación casera
La escasez de juguetes llevó a los niños a desarrollar su ingenio. Muchos fabricaban sus propios juguetes con lo que encontraban. Un simple trozo de madera podía convertirse en un coche, un muñeco o un arma de juguete. Las muñecas de trapo eran muy comunes, hechas con retales de tela y rellenas de paja o algodón.
Las chapas de botellas servían para jugar carreras o hacer pequeños soldados. Con un poco de alambre y ruedas de madera, algunos niños conseguían fabricar rudimentarios coches de juguete. La creatividad era clave para poder jugar en tiempos de miseria.
Los juegos en los refugios antiaéreos
Los bombardeos obligaban a la población a refugiarse con frecuencia, y los niños no eran una excepción. En estos espacios oscuros y claustrofóbicos, el juego se convertía en una forma de evadir el miedo. Algunos niños jugaban a las adivinanzas, a contar historias o a imaginar que estaban en otro lugar. Otros simplemente se dedicaban a observar a su alrededor y aprender a reconocer el sonido de los aviones para anticiparse al peligro.
El fútbol y otros deportes improvisados
A pesar de la guerra, el fútbol siguió siendo un pasatiempo popular. Aunque no siempre había un balón, los niños improvisaban con lo que tuvieran: una pelota de trapo, una lata o incluso un ovillo de tela. No había porterías reglamentarias ni campos bien delimitados, pero eso no importaba. El fútbol seguía siendo una vía de escape y un símbolo de normalidad en medio del desastre.
Otros deportes, como las carreras a pie o en bicicleta (para los pocos afortunados que tenían una), también servían para liberar energía y olvidarse por un rato del conflicto.

La influencia de la ideología en los juegos durante la Guerra Civil Española
La guerra no solo afectó la vida diaria de los niños, sino también su forma de jugar. En las escuelas se fomentaban actividades con un marcado tinte ideológico. En las zonas controladas por los republicanos, los juegos y canciones tenían mensajes antifascistas, mientras que en los territorios franquistas se inculcaban valores nacionalistas a través de actividades y marchas.
Las organizaciones juveniles también influyeron en el ocio infantil. La Falange organizaba campamentos donde se inculcaban valores militares y religiosos, mientras que en el bando republicano se promovían actividades vinculadas a la educación y el colectivismo.
Jugar en tiempos de guerra no era fácil, pero los niños siempre encuentran formas de hacerlo. En la Guerra Civil Española, los juegos tradicionales se adaptaron a la escasez, la guerra se coló en la imaginación infantil y la creatividad se convirtió en una herramienta esencial para el entretenimiento. Aunque crecieron en un entorno hostil, estos niños intentaron mantener viva la esencia de la infancia, buscando momentos de alegría en medio de la tragedia. La capacidad de los más pequeños para encontrar diversión incluso en los peores momentos es un recordatorio de la increíble resiliencia humana.
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