Cuando se habla de fortunas, escándalos y vidas marcadas por el exceso, el nombre de John Paul Getty III suele aparecer como un ejemplo casi cinematográfico. Hijo de una de las familias más ricas del mundo, su vida estuvo lejos de ser un cuento de hadas. Más bien, fue una montaña rusa de privilegios, rebelión, arte, drogas, y una historia de secuestro que mantuvo al mundo en vilo. Hoy vamos a sumergirnos en su vida, que sigue fascinando a quienes descubren su historia por primera vez.
El peso de un apellido millonario
John Paul Getty III nació el 4 de noviembre de 1956 en Minnesota, Estados Unidos. Era nieto del magnate del petróleo J. Paul Getty, uno de los hombres más ricos del siglo XX. Con semejante apellido, las expectativas eran altísimas. Pero a diferencia de otros herederos que siguen el camino marcado por la familia, él decidió romper moldes desde muy joven.
Sus padres, John Paul Getty Jr. y Gail Harris, se divorciaron cuando él era aún pequeño, y eso marcó mucho su infancia. Vivió entre Inglaterra e Italia, y aunque tenía acceso a todos los lujos, no tardó en alejarse del estilo de vida empresarial de los Getty. A los 15 años ya había sido expulsado de varios colegios y se le veía más en fiestas que en aulas. Su look rebelde, su melena pelirroja y su actitud desafiante eran su carta de presentación.
El secuestro que lo cambió todo
Pero el hecho que hizo que el mundo entero supiera quién era John Paul Getty III ocurrió en 1973, cuando tenía solo 16 años. Mientras vivía en Roma, fue secuestrado por una banda mafiosa calabresa. Al principio, su familia pensó que era una broma. Incluso su abuelo, el millonario J. Paul Getty, se negó a pagar el rescate, alegando que si pagaba por uno de sus nietos, pronto secuestrarían a los otros.
Pasaron semanas sin avances. La prensa italiana y la internacional no paraban de hablar del caso. Finalmente, los secuestradores enviaron una oreja cortada del joven a un periódico, como prueba de que hablaban en serio. Fue un gesto brutal que conmocionó al mundo y, por fin, hizo reaccionar al abuelo, que accedió a pagar parte del rescate, pero solo lo justo para que no afectara sus impuestos.
Tras cinco meses de cautiverio en condiciones extremas, John Paul Getty III fue liberado, visiblemente afectado, tanto física como mentalmente. Nunca volvió a ser el mismo.

Una vida entre el arte y la oscuridad
Después del secuestro, intentó reconducir su vida. Se trasladó a Nueva York, exploró el mundo del arte, estudió cine y se rodeó de artistas, músicos y personajes excéntricos. Incluso llegó a aparecer en algunas películas y a experimentar con la fotografía.
Pero la oscuridad que lo rodeaba era difícil de disipar. El trauma del secuestro, la frialdad de su familia y su carácter impulsivo lo empujaron hacia las drogas y el alcohol. Su vida fue una espiral descendente que ni el amor ni la paternidad lograron frenar del todo. A los 18 años, se casó con la actriz alemana Gisela Schmidt, conocida como Gisela Getty. Juntos tuvieron un hijo, Balthazar Getty, quien más adelante se convertiría en actor y músico.
El accidente que lo dejó atrapado en su cuerpo
La tragedia golpeó de nuevo en 1981. A los 24 años, John Paul Getty III sufrió una sobredosis que le causó un derrame cerebral masivo. Quedó tetrapléjico, parcialmente ciego y con grandes dificultades para comunicarse. Su madre se hizo cargo de él durante décadas, cuidándolo con una dedicación que contrastaba con la frialdad del resto de la familia Getty.
Durante los años siguientes, vivió apartado del mundo, dependiendo de los demás para todo, con escasas visitas de su padre y con la fortuna familiar bastante esquiva. Irónicamente, el heredero de uno de los mayores imperios petroleros del mundo terminó necesitando ayuda económica para pagar sus cuidados médicos.
Murió en 2011, a los 54 años, en Inglaterra. Su historia fue contada y recontada en documentales, libros y películas. Ridley Scott la llevó al cine en Todo el dinero del mundo, y también fue tema central de la serie Trust, de FX. En ambas producciones, John Paul Getty III aparece como una figura compleja: víctima, rebelde, mártir, símbolo del vacío que deja el dinero cuando se pierde el afecto.
Más allá del apellido
Lo que hace que la historia de John Paul Getty III siga fascinando es precisamente esa mezcla de privilegio y tragedia. A pesar de haber nacido en una de las familias más poderosas del planeta, su vida fue todo menos fácil. Es un ejemplo brutal de cómo el dinero no lo resuelve todo y de cómo la falta de afecto puede pesar más que cualquier fortuna.
Su caso también refleja una época concreta, esa Europa de los años 70 llena de bohemia, peligros y cambios sociales. Muchos jóvenes ricos estadounidenses encontraban en Roma o Londres una especie de patio de recreo, pero también un campo de pruebas donde no todos salían ilesos. John Paul Getty III fue uno de los que pagaron el precio más alto.

Una vida rota
Aunque su historia es profundamente triste, no se puede decir que haya pasado desapercibida. Su hijo Balthazar ha hablado en entrevistas sobre lo que supuso crecer con un padre ausente y con la sombra de esa tragedia familiar siempre presente. A su manera, él ha intentado seguir adelante, formar su propio camino en el mundo del arte, sin dejarse definir por el apellido.
En cuanto a la familia Getty, el apellido sigue siendo sinónimo de riqueza, pero también de una maldición no escrita que parece perseguir a varios de sus miembros. John Paul Getty III es el ejemplo más trágico de lo que pasa cuando se combinan juventud, dinero, libertad absoluta y falta de guía emocional.

