Cuando todo ocurrió, yo no tenía edad, once años, para entrar en discotecas. Recuerdo con cierta dificultad aquel terrible incendio de 1983. Faltaban siete días para Nochebuena, y la mayoría de los hogares madrileños estaban inmersos en las compras navideñas. El 17 de diciembre, la ciudad se despertó con la peor de las tragedias: la discoteca situada en los bajos del Teatro Alcázar, Alcalá20, se había incendiado durante la madrugada con el resultado de ochenta y una víctimas mortales.

Los hechos

El incendio se produjo sobre las 4:45 de la madrugada, cerca de la hora de cierre de la discoteca. El local constaba de tres plantas subterráneas, las cuales, habían sido remodeladas recientemente. Aunque tenía un aforo de 900 personas, en la mayoría de las noches se superaba con creces ya que era un lugar de moda. Lo del aforo, se lo continúan pasando por el forro la mayoría de los locales nocturnos en España.

Las llamas aparecieron tras producirse un cortocircuito y que una chispa saltase a las cortinas. La mayor parte de la decoración de la discoteca estaba compuesta por cartón piedra, textiles y plásticos. No hace falta decir lo rápido que el fuego comenzó a devorarlo todo. Aquello se convirtió en una ratonera. Algunos corrieron hacia la puerta principal para huir, pero en seguida se colapsó. Todas las puertas de emergencia, salvo una, se encontraban cerradas, con lo cual, los que intentaban huir por ahí terminaban atrapados en una trampa mortal.

Hubo quien consiguió salir por las claraboyas translúcidas que tenía la discoteca. Algunos viandantes y vecinos de la zona, sacaron a cuantas personas pudieron por ese infecto agujero. Los bomberos llegaron doce minutos después de declararse el fuego y comenzaron con las maniobras de rescate. El panorama que se iban encontrando según avanzaban era desolador. Su trabajo duró dos horas.

¿Quién puede olvidar el horror de "Alcalá20"?
Claraboyas por las que pudieron huir en el incendio de Alcalá20. Foto: aptb.org.

A primera hora de la mañana ya se sabía el alcance de la tragedia: ochenta y un jóvenes habían perdido la vida. La mayoría, a causa de las llamas o aplastados por el resto de personas que intentaban huir de aquel infierno. Dentro de la terrible desgracia, fue una suerte de que el incendio sucediese poco antes de cerrar la discoteca, si no las víctimas se hubieran contado por centenares.

Tierno Galván, el alcalde de Madrid, se mostró ante los medios absolutamente desolado y deseando que aquel annus horribilis se terminase lo antes posible. Recordemos que aquel fatídico 1983, ya habían sucedido en la capital dos accidentes de avión con un balance de más de doscientos fallecidos.

¿Quién puede olvidar el horror de "Alcalá20"?
Enrique Tierno Galván, en el lugar siniestrado.
Foto: aptb.org

La investigación del incendio

El juzgado de instrucción nº15 de Madrid fue el encargado de investigar los hechos. Como las cosas de palacio van despacio, el juicio no se celebró hasta 1993. Fueron imputados los cuatro dueños de la discoteca, el concejal de seguridad del ayuntamiento, el ingeniero responsable de la instalación eléctrica de la sala, y el funcionario del Ministerio del Interior encargado de inspeccionar las obras que se realizaron en la discoteca. Un año después, salió la sentencia. El concejal salió absuelto, el resto se enfrentó a una pena de dos años de cárcel y una indemnización de dos mil millones de pesetas a los supervivientes y familiares de las víctimas. En el caso del funcionario, fue el Estado el encargado de desembolsar el dinero.

Indudablemente, la sentencia de dos años de cárcel resultó insuficiente después de que se apagaran ochenta y una vidas en una sola noche. No he podido evitar recordar esta tragedia tras lo sucedido en Murcia. En este caso, han sido trece víctimas mortales, pero el hecho de que muera una sola persona ya es una tragedia. Las discotecas en Atalayas abrían sin licencia ante la pasividad del ayuntamiento. Ahora todos se culpan. Nadie asume responsabilidades, y desgraciadamente, tampoco parece importarles mucho que haya trece víctimas mortales. Todos sabemos que los accidentes ocurren, pero lo sucedido tanto en Madrid en 1983 como lo de Murcia, es pura negligencia. Si las cosas se hubieran hecho como exige la ley, ochenta y una personas hubieran podido celebrar la Navidad del 83, y trece no faltarían a la mesa este próximo mes de diciembre.

Zona de ocio de Murcia donde se produjo el siniestro. Foto: TVE

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