El 24 de febrero de 1978, cinco amigos con edades comprendidas entre los 24 y los 32 años partieron desde Yuba City rumbo a Chico, ambas ciudades pertenecientes al estado de California, para acudir a un partido de baloncesto. Deporte del que eran auténticos fanáticos, de hecho, todos formaban parte del equipo Gateway Gators. Tenían pensado no volver mucho más tarde de las 23:00 de la noche a sus casas. Al día siguiente, tenían que jugar un partido de baloncesto con los Gators porque participaban en las Olimpiadas Especiales de la ciudad. Los cinco padecían diferentes discapacidades intelectuales, las cuales, no evitaban que tuviesen una vida plena y todo lo independiente que les era posible.

Los muchachos, se llamaban Gary Mathias, William Sterling, Jackie Huett, Theodore Weiher y Jack Madruga. Viajaron en el Mercury Montego del 69 de Madruga, un coche que a Jack le había costado mucho poder comprar y cuidaba con especial mimo. Tras disfrutar del encuentro deportivo, sobre las diez de la noche se montaron de nuevo en el coche con intención de volver a casa. Lamentable, nunca lo consiguieron.

Los padres de los chicos, después de esperarles con angustia durante horas, comenzaron a llamarse entre sí para intentar descubrir qué estaba pasando. Nadie sabía nada. Ninguno de sus hijos había regresado. Muy alarmados, acudieron inmediatamente a la policía para denunciar la desaparición. Los agentes, conocedores de los problemas intelectuales de los cinco, comenzaron la investigación de inmediato.

El misterio de los cinco de Yuba
De izquierda a derecha: Gary Mathias, Jackie Huett, Jack Madruga, Theodore Weiher y William Sterling.

Los padres dan la voz de alarma

Los agentes supieron que los chicos habían realizado una parada en el camino. Fue en una tiendita de carretera para comprar bollos, chucherías, un refresco de cola y leche. Después volvieron al coche, y según el dependiente del negocio, se dirigieron hacia el sur.

Veinticuatro horas después, a noventa kilómetros de Chico, la policía encontró el coche donde viajaban los muchachos. Se encontraba bien estacionado junto a una carretera de tierra en la montaña, cerca de Oroville, en el área de acampar de Rogers Cow. En aquella época del año, las carreteras de montaña estaban completamente heladas. Era muy extraño hallar el vehículo allí, ya que se encontraba en dirección opuesta a la debían tomar para regresar a casa. ¿Qué sucedió para que decidiesen cambiar de planes de manera tan drástica y se dirigieran al Bosque Nacional Plumas?

Dentro del auto, no se encontraron señales de lucha o manchas de sangre. Sí estaba lleno de los envoltorios de algunos de los dulces que se habían comprado. El coche estaba cerrado y con los seguros echados. No se encontraron las llaves del Mercury ni parecía que hubieran sufrido ningún accidente. El auto funcionaba y aún disponía de gasolina. ¿Por qué estaba allí aparcado?

El misterio de los cinco de Yuba

Los testigos

Uno de los testigos más importantes de la investigación fue Joseph Shons. Aquel hombre de cincuenta y cinco años, iba camino de la cabaña que poseía en la zona cuando su coche quedó atascado en la nieve. Al intentar empujar el coche para sacarlo de la nieve, sintió unos leves dolores en el pecho. Shons se dio cuenta de que estaba sufriendo un infarto y decidió meterse en el coche con la calefacción puesta hasta que amaneciese o pasase alguien y pudiese pedir ayuda. El hombre declaró que en medio de la noche, mientras dormitaba, vio dos autos acercarse: un automóvil y una furgoneta pick-up. Salió para solicitarles auxilio en vano. Los vehículos pararon, pero únicamente para que los pasajeros de uno de los coches bajasen para se montarse en el otro y se marchasen sin hacerle caso.

Furgoneta tipo pick-up.

Lo extraño es que Joseph Shons ofreció poco tiempo después otra versión. Según parece, esta vez escuchó durante la noche una serie de silbidos. Cuando salió del coche para ver quién silbaba, vio a un grupo de hombres y a una mujer con un bebé caminando por delante de la luz de los faros de un vehículo. Al solicitarles ayuda, las luces se apagaron y los silbidos cesaron. Cuando amaneció, el hombre se fue caminando trece kilómetros para pedir ayuda. Incluso recuerda haber visto ya aparcado el coche de Madruga. Dos versiones muy distintas ¿por qué la cambió?

Una mujer que trabajaba en un negocio de comida en Brownsville, exactamente a una hora de distancia de donde estaba el coche de Madruga aparcado, aseguró haber visto a los chicos en una furgoneta pick-up en marzo, en este caso, incluso aseguró que era roja. Dijo que se bajaron dos de los chicos y le compraron algunas cosas. También contó que uno de ellos aprovechó la parada para llamar por teléfono. En un principio la policía dio bastante credibilidad a este testimonio, aunque con el tiempo se sospechó que era mentira y que ofrecieron información falsa para conseguir la recompensa que ofrecía las familias. Durante meses, los investigadores no hallaron ni un testimonio y ni una pista más sobre el paradero de los cinco muchachos.

El hallazgo de los cuerpos

En el mes de junio de ese mismo año, un grupo de motociclistas encontraron una de las caravanas pertenecientes al Servicio Forestal de la zona con una ventana rota y decidieron dar parte de ello. Dicha caravana, estaba ubicada a treinta kilómetros de donde fue hallado en febrero el coche de Madruga. Dentro se encontraba el cadáver de Weiher. A simple vista, parecía claro que había muerto a causa del frío extremo. Estaba tendido en una cama y sin zapatos. Inmediatamente, la policía y cuerpos de rescate se pusieron en marcha para peinar la zona en busca de los muchachos. Horas después, encontraron a Madruga y Sterling muertos en el camino que llevaba a la caravana. Gran parte de ambos había servido como alimento para los animales de la zona.

El padre de Jackie Huett se unió a la búsqueda, y fue él mismo quien encontró parte de la columna, junto a sus vaqueros y zapatillas, de su propio hijo. También se encontraba en el camino que llevaba a la caravana. En la zona se hallaron tres mantas del Servicio Forestal y una linterna ya oxidada. De Gary Mathias, no había rastro. Únicamente se encontraron sus deportivas dentro de la caravana donde estaba Weiher, es más que probable que Gary decidiese quedarse con sus zapatos una vez muerto.

Tras los restos que la policía y los rescatistas encontraron, se procedió a hacer las autopsias. Tampoco se pudieron realizar maravillas dado el estado de los cuerpos, pero a una de las conclusiones que sí pudieron llegar es que las muertes no habían sido violentas sino por congelamiento e inanición. Sobre Weiher, el primer cadáver que se encontró, los forenses concluyeron que pudo estar vivo hasta tres meses después de desaparecer. Lo encontraron cubierto con sábanas a modo de mortaja, por lo que no murió solo. Apenas pesaba cuarenta y cinco kilos, Weiher era un hombre muy alto que siempre había sido corpulento, con lo cual, era más que probable que hubiera pasado mucha hambre antes de fallecer.

¿De quién era el reloj de oro Waltham?

Junto al cuerpo de Weiher, había una mesilla con todas las pertenencias del muchacho más un reloj de oro Waltham sin el cristal en la esfera. Aquel reloj fue toda una incógnita, ya que ninguno de los familiares de los fallecidos lo reconoció. Nunca se supo a quién pertenecía.

Resultaba muy extraño que hubieran muerto de hambre y frío ya que al lado de la caravana había una despensa repleta de latas de comida. También disponían de mantas, ropa de abrigo y cerillas para poder encender una buena hoguera o cocinar. Se supo que de toda la comida precocinada y latas que estaban almacenadas, solo comieron treinta y seis de ellas cuando había de sobra para que los cincos se hubieran alimentado durante un año.

Como ya hemos comentado antes, de Gary Mathias solo se encontraron sus deportivas. Posiblemente, le cogió el calzado porque los pies de Weiher eran más grandes y Mathias los tendría hinchados por el efecto de la congelación. ¿Murió mientras iba en busca de ayuda o huyó? En algunas fuentes, he leído que meses después se encontraron restos humanos dentro de una cueva cercana, pero nunca se supo si pertenecían o no a Gary.

Es cierto que los cinco muchachos poseían capacidades intelectuales diferentes, pero tanto Gary como Madruga, habían estado en el ejército, por lo tanto, ciertas nociones de supervivencia tenían. Por cierto, el único que alguna vez había sido protagonista de algún episodio violento era el propio Gary. Nada demasiado importante por otro lado, y fácilmente explicable porque padecía esquizofrenia. La enfermedad estaba bastante controlada porque Mathias era muy responsable a la hora de tomar sus medicinas.

Muchos, han comparado el misterio de los cinco de Yuba con el del Paso de Diatlov en los Montes Urales. Un grupo de amigos que muere en extrañas circunstancias y sin pistas que puedan aclarar lo que sucedió. ¿Por qué los muchachos se desviaron de su camino para perderse en la nieve? ¿Alguien les obligó a ir a la caravana? ¿Por qué no utilizaron la comida y objetos de supervivencia que había a su alcance? ¿Fue Gary el culpable de todo ?

El misterio de los cinco de Yuba

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