“La imaginación es más importante que el conocimiento”.
Albert Einstein
Espadas láser, autos voladores, inteligencia artificial avanzada que hace más fácil nuestras vidas, viajes en el tiempo y el espacio, la inmortalidad del alma y otros muchos elementos más, forman parte del imaginario popular al conjeturar cómo será el futuro.
Sin embargo, en cuestión de pocos años, lo que antes considerábamos ilusorio se ha vuelto realidad. En las películas de ciencia ficción observábamos una realidad virtual aumentada –dos mundos en los cuales vivir: el real y el digital-, la impresión 3D, los vehículos autónomos, los robots al estilo servidores, la energía renovable y los sistemas de reconocimiento de voz –como Siri, Alexa y Cortana-.
Todo ello se ha convertido en quimeras tangibles, gracias al desarrollo de las tecnologías y del propio ser humano que no se ha rendido por creer que todo estaba ya inventado y que se necesitarían muchos abriles para alcanzar un auge tecnológico destacable, como los avances de la era industrial y períodos históricos anteriores.
Si de cine hablamos, cómo olvidar la saga de Star Trek, donde la comunicación era instantánea mediante dispositivos electrónicos y existían traductores universales; en Regreso al Futuro II se visualizan ya los televisores de pantalla plana, las gafas de realidad virtual y los pagos móviles; en Star Wars los hologramas son una herramienta comunicativa que luego se hicieron realidad; Demolition Man nos hizo ver máquinas expendedoras de comida y bebida, audífonos sin cables y biometría como forma de identificación; y en Terminator se abren paso los drones militares.

Asusta tanto la precisión de las películas de ciencia ficción que demostraron que el cine no era solo para entretenerse, sino que servía de fuente de inspiración a científicos y académicas de diversas esferas de la vida.
Así lo expresaba el matemático, criptógrafo, filósofo, informático y biólogo teórico Alan Turing: «A veces, es el científico más brillante el que se inspira en una película de ciencia ficción y luego trabaja incansablemente para hacer que la fantasía se convierta en realidad».
Y, cómo olvidar la mítica película de Viajes al espacio o Viaje a la Luna, la cual constituye una de las cintas más importantes a la hora de dialogar acerca del género cinematográfico. Considerada una obra maestra del cine, narra cómo es lanzada una cápsula espacial en forma de bala; en la década de 1960, se llevó a cabo el Proyecto HARP, en el cual la Marina de los Estados Unidos de América empleó un cañón para disparar proyectores. Aunque no tuvo el éxito alcanzado el proyecto, se demuestra, una vez más la dualidad cine-acciones y decisiones en la vida real.

Nuestras primeras referencias de mitos o inventos que se han hecho realidad provienen de la literatura. En Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, se redice que Martes tiene dos lunas; en De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, aparecen las velas solares y en el primer viaje práctico del libro envían a un animal –como los rusos con Laika-; en El mundo se libera, de H.G. Wells., lamentablemente se ejemplifica el uso de las bombas atómicas; y en 20.000 leguas de viaje submarino, de nuestro Verne, se construyen los submarinos eléctricos.
Los mencionados libros, y numerosos más de estilo fantástico, se han adaptado a la gran pantalla. Los cinéfilos pueden sentirse orgullosos de tener al alance de sus manos lo transmitido por la literatura y lo cultivado por el propio séptimo arte.
Como dijo el físico teórico, astrofísico y cosmólogo Stephen Hawking: «La ciencia ficción es una rama de la ciencia real: la física de la imaginación». Esperemos que nos sigan degustando los trabajadores de la cultura con cinematografía del futuro; buena y mala, de salvación o fin de la Tierra, de extrañas culturas que radican en nuestro planeta o vida extraterrestre.
¡No importa! Ya decidiremos en unos años qué se hizo realidad gracias al cine y podremos incursionar en nuevas áreas científicas y de entretenimiento.
