¿Y qué es lo importante tratándose del arte, la intención o el resultado? Parece que en las planicies de la estética no podemos contentarnos con la sentencia de José Lezama Lima que reza: “La grandeza del hombre es el flechazo; no el blanco”. Esa es la opinión de Alison Lurie, profesora de la Universidad de New York, quien afirma que muchas obras de la literatura infantil surgieron con un propósito mucho menos estimable. En su libro No se lo cuentes a los mayores, traducido rápidamente al español, pero poco estudiado por lo que se ve, Lurie dedica un capítulo al contradictorio James Mathew Barrie, un escocés cuyo nombre pronunciado así de corrido nos dice poco. Otra cosa es recordar que Mathew Barrie es el creador de Peter Pan, el niño que se negó a seguir creciendo.

YO SOY MI OBRA Y VICEVERSA
Hay autores tan contundentes que jamás se dejan arrebatar la fama por sus creaciones. Viven por encima de ellas, aunque sean ellas las que los alimenten, como son los casos de Miguel de Cervantes, Liev Tolstói o Herman Hesse. Pero hay autores que ingresan a un segundo plano o simplemente al olvido, en virtud de la autonomía de unos vástagos que bien pudieran pasar por anónimos.

Me temo que esa es la suerte de James Mathew Barrie, sentado ahora en el banquillo de los masoquistas por Alison Lurie, de cuyo interesante análisis se deduce que la de no seguir creciendo fue una decisión que tomó él mismo antes que Peter Pan. Noveno hijo de un matrimonio que engendró diez, Mathew Barrie se volvió indeciso y desconfiado, pues sentía que su madre no le prestaba atención. Había nacido en 1860; murió en 1937. Es el padre literario de Peter Pan, pero Peter Pan lo ha dejado atrás.
I AM PETER PAN
Dice la catedrática e investigadora Alison Lurie que Barrie era un hombre muy delgado, bajito y de voz aflautada, como la de los castrati. Su fijación por su madre se debió a que aquella nunca tuvo tiempo que dedicarle, pues pasó años encerrada en un cuarto oscuro. En consecuencia, Mathew Barrie escribió más tarde un libro cuyo fin sería la búsqueda de explicaciones, aunque ahora sabemos que, irreverentes y espontáneos, los niños terminaron por llevarse a Peter Pan a vivir con ellos.

Quizás no todos sepan que en otros dos libros de Barrie titulados Sentimental Tommy y Tommy and Grissel el héroe es nuevamente un niño incapaz de crecer. La clave parece estar en una frase en la que, evocando a su madre, el escocés asegura: “Nada de lo que nos sucede después de los doce años merece la pena”.