El pasado martes, recibí la invitación a pasar el miércoles 15 de noviembre por el INSS para una inspección médica porque ya hice un año de baja el 19 de septiembre. Voy a hablar en plural, dado que por este trance pasamos muchos ciudadanos cada día; y teniendo esa pluralidad presente, permítanme que me centre en la LC (Long Covid), y que lo haga en femenino, porque somos mayoría las enfermas que los enfermos de LC.

Nuestra enfermedad es nueva, aún no sale en los libros. Dicen. La inversión tanto del ministerio de sanidad, como de las consejerías de sanidad de cada comunidad, es menos que mínima. Casi cuatro años después, aún hay médicos que cuestionan la existencia de la enfermedad.

Muchas de las enfermas, sobre todo de la primera ola, no tienen siquiera el diagnóstico porque carecen de un test que confirme hayan enfermado por SARS-CoV 2, ¿sin el resultado positivo que lo avale cómo demostrar que se les ha cronificado la COVID-19 si de entrada, supuestamente, nunca contrajeron la enfermedad? 

"INSSquisición"...

También estamos las enfermas diagnosticadas de LC con una gran astenia, una disnea que nos impide hacer el mínimo esfuerzo, con taquicardias, trastornos gastrointestinales, con niebla mental… hasta más de doscientos síntomas que podemos tener. Nosotras, tras someternos a infinitas pruebas médicas, si no tenemos informes con evidencias objetivas de enfermedad que respalden el diagnóstico, cuando llegamos ante el tribunal inquisitorial del INSS o no hay enfermedad o te has curado, y a los días nos llega el alta médica, cual sentencia administrativa a morir trabajando.

Quisiera hablaros largamente sobre esto, pero no soy capaz de ponerlo en palabras. Soy incapaz de ordenar mi cabeza, de sintetizar ideas y exponer claramente de qué manera nos estresa y perjudica la cuenta atrás para sentarnos delante de alguien.

Un o una inspector(a) del INSS, que en la mayoría de las veces, subjetivamente va a tomar una decisión que para ellos es una gestión más de su jornada. Sin embargo, para nosotras es un motivo de empeoramiento emocional antes y durante, porque esos días previos repercuten negativamente en nuestro organismo, y después para bajar a los infiernos según qué decidan sobre nuestro futuro laboral.

¿Cómo podría yo explicaros el pánico que me entró cuando vi el SMS del INSS citándome? ¿Cómo explicaros los nervios que estoy padeciendo deseando detener el tiempo o de acelerarlo para que llegue por fin el día?

¿Cómo podría yo explicaros el pánico de abrir esa puerta de la consulta del INSS, para encontrar al otro lado, (la mayoría de las veces), a alguien que de antemano ha prejuzgado nuestra condición de aptas o no aptas para ir a trabajar; sentarnos frente a esa persona que no nos conoce de nada y nos va a juzgar subjetivamente sin piedad? Repito: las más de las veces.

"INSSquisición"...

Un bombardeo de preguntas que nos hace pensar que van a pillarnos en un renuncio. Dan ganas de declararse adoradora del diablo en forma de macho cabrío para salvarnos del peor de los desenlaces.

Por ejemplo:

—¿Tienes mascotas?—Sin levantar la mirada de los papeles en los que va anotando, quién sabe el qué si aún no le ha respondido.

—Sí, dos perros.

—¿Los sacas a pasear?—pregunta dejando el bolígrafo sobre los papeles y mirándole por primera vez.

—Sí, ayudándome de una muleta en el ent…

—¿Cuántas veces al día?—Le interrumpe.

—Tres.

—Para sacar a los perros no estás fatigada, ni te duele nada.—Afirma sarcásticamente volviendo a coger el bolígrafo y sin prestar atención a lo que la “acusada” le está queriendo decir.

Que vive sola, que casi nunca tiene fuerzas para salir con los perros, que preferiría mil veces quedarse en casa, pero que ellos tienen que salir al menos a hacer sus necesidades; que menos mal que son obedientes y van al paso de ella, y le obedecen cuando les dice “vamos a casa”.

Nada de lo que diga tiene importancia para el/la inspector(a). Visto para sentencia. 

"INSSquisición"...

Otro ejemplo con otra enferma frente a la inquisición, y otro inspector de sanidad distinto:

—¿Tiene mascotas?—Deja el bolígrafo sobre los papeles que estaba estudiando con detenimiento y la mira con seriedad. 

—Sí, dos perros.

—¿Los saca a pasear?—pregunta cogiendo el bolígrafo y anotando algo en los papeles y sin alzar la cabeza para mirarla.

—No, es que vivo en…

—Pues sería una forma de obligarse a salir y pasear. Debe esforzarse en hacer actividad física y cada día un poco más—Le interrumpe.

—Pero es que…

—Usted lo que tiene es “vaguitis”, si al cuerpo le acostumbramos a hacer poco, llegará un momento en el que ya no haga nada.—Afirma escribiendo en sus papeles, sin prestar atención a lo que la “acusada” le está queriendo decir.

Que vive en un piso alto, sin ascensor, que camina con ayuda de un andador, que no tiene fuerza para llevar a los perros atados y sujetarse en el andador. Que ya le gustaría poder salir a pasear con los perros, tener autonomía. Pero que el mínimo esfuerzo le supone una fatiga respiratoria muy grande, que debido a la neuropatía de las piernas andar es un suplicio y que debido a la neuropatía ocular ve borroso y le produce inseguridad salir sin acompañante.

Nada de lo que diga tiene importancia para el/la inspector(a). Visto para sentencia. 

Es tremendamente inmensa la impotencia y vulnerabilidad que sentimos al estar expuestas al veredicto subjetivo de una persona, que en diez minutos y con los informes de nuestras patologías en sus manos, decide o recomienda que se nos de el alta porque nos considera aptas para trabajar.

A veces, al despedirse tienen la deferencia de decir que el tribunal médico estudiará el caso para resolver si dar el alta, conceder la prórroga, o gestionar la incapacidad permanente revisable. Y adiós muy buenas, a esperar con ansiedad que llegue la resolución. En alguna ocasión el veredicto ha sido inmediato y se informa a la acusada de que se le da el alta a fecha… Que en breve recibirá una carta.

"INSSquisición"...

Ya lo sé, ya lo sabemos: nuestra congoja y preocupación previa no sirve más que para sumar malestar a nuestra enfermedad. Debido al conocimiento de las resoluciones de nuestras compañeras, principalmente de las altas, estamos condicionadas a tener el pensamiento en ello gran parte del día. Una vez salgamos del edificio del INSS, no está en nuestras manos, lo que se delibere dentro de esas paredes, lo sabemos.

Nosotras solo podemos hacer una última cosa, lo que mi psicóloga Marijo de la terapia de grupo del C.S.M. de Zumarraga llamó “ventilación emocional”, soltar mentalmente o con alguien cercano a nosotras, todo lo que nos venga a la mente, dar rienda suelta a la impotencia convertida en ira y después de ventilarnos, cerrar esa ventana y procurar no volver sobre el tema.

Claro que la teoría es fácil, pero la práctica, aunque nos sea difícil, hemos de tratar llevarla a cabo por nuestro bienestar. Nosotras tenemos que ser nuestra principal prioridad y debemos dejar aparcado lo que está fuera de nuestras posibilidades, sobre todo la incertidumbre y el miedo.

“El miedo es como un gas, se expande y ocupa todo el espacio que le dejes. Para hacerle frente la solución no es vaciarse, sino llenarse de cosas, saturar el corazón atiborrándolo de retales de recuerdos, de música, de olores y de personas hasta no dejar espacio a lo que nos asusta.”

Pasaje de “Delito”, de la periodista salmantina Carme Chaparro. Aprovecho y os recomiendo su lectura, que es una forma de poner la mente en otra cosa para no pensar tanto en lo que nos preocupa. Y además es una magnífica novela.

4 comentarios

  1. Ánimo maitetxu ,,que eres una campeona,, todo irá bien,,,,una k té apoya y aprecia,,,y a seguir aquí con éstos artículos k me encantan,,,, té esperamos pronto,,,

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