Foto portada: https://www.visitvalencia.com/
Cuando estaban informando de lluvias torrenciales en Valencia, ni de lejos podía imaginar que fuera ocurrir la tragedia que estamos viviendo. Imaginaba que habría destrozos materiales, pero jamás creí que todo desembocaría en una masacre. Familias enteras lo han perdido absolutamente todo. De la noche a la mañana se han quedado sin techo, sin negocios, y lo que es peor, sin sus seres queridos.
Las calles de pueblos como Paiporta o Chiva se han convertido en lugares apocalípticos con las calles embarradas y coches destrozados unos encima de otros. Por no hablar de los restos humanos que puede haber aún sepultados. Ante la catástrofe, una vez más los políticos nos han traicionado y decepcionado. No alertaron a tiempo a la población del peligro, y por lo tanto, nadie se preparó para lo peor. Y lo más grave, cuando la cosa se fue poniendo más y más fea, las malditas alertas siguieron sin saltar. Recuerdo el testimonio de un hombre que, al borde del llanto, relató que a él le saltó la alerta en el móvil cuando se encontraba subido a un árbol para evitar morir ahogado.
Las llamadas de auxilio colapsaron el 112. Se hizo lo que se pudo, el problema es que los servicios de emergencia no estaban preparados para algo semejante gracias a la inutilidad de los políticos, los cuales, están locos por mandar pero ninguno sabe gobernar. Recordemos que el gobierno de Mazón eliminó meses antes la Unidad de Emergencia Valenciana porque según dijeron: «No mejoraba ni ampliaba servicios». En una región donde la gota fría suele dar duro, los servicios de emergencia nunca sobran. ¿En qué emplearían el dinero que se usaba para mantener dicha Unidad? ¿En subirse los sueldos? ¿En asesores inútiles? ¿En mejores coches oficiales?
La penosa formación de nuestros políticos en situaciones de máxima emergencia quedó clara con la pandemia y ahora se vuelve a confirmar. Es posible que tengan veinticuatro carreras, ochenta máster y títulos varios que solo sirven para enmarcar paredes, pero tienen ni idea de cómo gestionar los un país y ni les apetece aprender. Solo desean poder y dinero.
En la catástrofe de Valencia, todos han actuado tarde y mal. Me atrevería a decir que si no fuese por los voluntarios a día de hoy habría más víctimas mortales. El pueblo se ha echado a la calle al ver a los suyos sufrir. Voluntarios de todas las partes de España, e incluso de Europa, han dejado todo su vida atrás para ayudar a sus semejantes. Otros han mandado víveres y materiales. Las redes se han volcado en mostrar la realidad que se está viviendo en la tierra de Sorolla es cierto que siempre hay imbéciles que desean provocar el caos con informaciones falsas, pero la mayoría ha ayudado, y mucho, compartiendo la foto de personas y animales desaparecidos o encontrados.
Y encima querían que los voluntarios no fueran porque entorpecían. ¿No era mejor organizar el flujo de voluntarios en vez de rechazarlos? Un gobierno honesto dimitiría una vez que se haya conseguido una cierta normalidad, sin embargo, estoy segura de que están pensando en cómo salir de esta lo menos manchados posible y en qué argumentar para echar la culpa a otros. Les importa un comino los problemas del pueblo. Para ellos somos simples peones con los que consiguen alcanzar el estatus económico y social que siempre han deseado. No hay más.
Estamos rodeado de una clase política analfabeta, egoísta y cruel. Que se lo digan si no a los afectados por el volcán de La Palma, muchos continúan esperando las ayudas prometidas, por no hablar del abandono a las personas que siguen muy afectadas por las secuelas de la pandemia. Valencia está rota, pasarán años hasta que se recupere totalmente, por lo tanto, el apoyo de la Generalitat y el Estado tiene que ser constante en el tiempo. Durante mucho tiempo. La ayuda psicológica gratuita debe brotar desde ya para evitar otro tipo de tragedias. Es necesario que sientan que existe la esperanza de que podrán volver a salir adelante.
¡Vixca València! ¡Vixca! ¡Vixca! ¡Vixca!

