Desde hace unos años tengo un reto anual: llegar al 23 de diciembre sin ver el anuncio de la lotería de Navidad. No hay una razón con peso para empeñarme año tras año en ello, ni siquiera es mérito mío no verlo, el reto lo puedo cumplir por el zapeo, al ir a “unos minutos comerciales”, de quien tiene el mando a distancia de la TV en su posesión. Con deciros que no recuerdo cuando vi el último anuncio de las burbujas doradas del cava ese catalán.
¿¡En serio!? ¿¡Desde el 2018 ya no hay burbujas doradas? ¿¡Que Ramontxu ha vuelto este verano con el “Grand Prix” pero sin vaquillas!? La tele ya no es lo que era. Pero, a ver… ¿El calvo de Navidad sigue calvo o se fue a Turquía? No puede una despistarse un segundo.
A lo que iba, me estoy quedando sorprendida de cómo ha cambiado la tele… ¿¡¡Que Sálvame lo han quitado para poner a Ana Rosa!!? Con razón ha subido tanto el precio del aceite de oliva.
Me estoy yendo del tema, pero es que con las novedades televisivas de los últimos años, me arrastra el desconcierto.
Un inciso y retomo lo de la lotería. ¿No tenía buena audiencia el Sálvame? ¿Entonces para qué quitarlo? ¿¡Qué!? ¿El Conquis en La 1? ¡Anonadada me hallo!
Volvamos a lo de la lotería, que en esto ya sé que en la pedrea dicen: «¡Mil eeuuuuroosss!» Pese a no ver el famoso anuncio, no por ello dejo de jugar cada año a la lotería de la salud. Hablando de salud, pedí a una conocida que iba a la capital, que me comprase un décimo en esa administración tan famosa, una que queda cerca de la chocolatería de San Ginés. ¡Qué disgusto tan grande cuando a su vuelta me dio el recordatorio de “Doña Manolita”! Solo espero y deseo que no haya padecido una larga y dolorosa enfermedad. Y en el epitafio pone “Te esperamos”. Anda que no tiene guasa el que lo escribió. Pero qué pena… Que nos espere muchos años.

Recemos un avemaría por su alma. ¿Que murió en 1951? ¿¡Qué me dices!? ¿Y aún siguen dando recordatorios? ¿Habrá aún páginas en blanco en el libro de condolencias? Chica, voy de una sorpresa a otra.
No he querido ser insensible, por lo que he guardado el recordatorio en el bolso y no me he atrevido a pedirle el décimo que le encargué. Me parecía muy poco delicado por mi parte. Pero antes de decirnos adiós me dice mi amiga: “El décimo está dentro del sobre.” ¿Sobre? He buscado el recordatorio en el bolso, lo he mirado por los cuatro bordes, uno de ellos estaba sin pegar, lo he ahuecado y allí dentro estaba mi décimo. ¡Es un sobre! Ya me parecía a mí que 72 años dando recordatorios era un poco excesivo por muy querida que fuera la lotera.
