Nothing compares 2 U (either)

Murió Sinead O´Connor. La noticia se ha esparcido por los cuatro puntos cardinales, causando a su paso perplejidad y compasión. A los 56 años, en Londres, ella, que había nacido en Dublín, Irlanda, el 8 de diciembre de 1966. Muere luego de la pérdida de su hijo, por suicidio, año y medio atrás. También se sabe que padecía de un trastorno bipolar y que más de una vez proclamó su interés en quitarse la vida.

Pero, más allá de estos detalles que alguien mirará con interés morboso y alguien ―por suerte― con indulgencia, ¿qué móvil además de la fama nos lleva a hacer de su muerte noticia? Fue una artista excepcional. Pasó por los escenarios del mundo como una conquistadora, gracias a sus grandes cualidades vocales. La gloria, como es lógico, tiró de sus asuntos íntimos, porque el espectador moderno no se concibe sin el chismorreo y la mala lengua y, si no hubiera chismes no hubiera revistas del corazón.

Según esas mismas revistas, la rebeldía de Sinead O´Connor era notoria. Lo atribuyen a una infancia marcada por la violencia doméstica y a su estabilidad emocional. Pero lo que importa ―casi lo único de verdadera importancia― es que desde que Prince le cediera la canción Nothing Compares 2 U, en 1989, la escena mundial del pop sufrió un estremecimiento, cuyo reflujo aún no se apaga. Ahí está la clave de todo, y no en que haya bebido a partes iguales los licores del triunfo y los de la fatalidad.

Dublín. (leprochainvoyage.com)

Dicen que los elegidos de los dioses mueren temprano. Ella sobrevivió durante más tiempo que Amy Winehouse, Janis Joplin o Kurt Cobain. Sin embargo, se ha marchado demasiado pronto, aunque quién es quién para hablar en nombre de las almas superiores.

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