El 23 de enero de 1989, el nuevo dueño del anteriormente conocido como el Mesón del Lobo Feroz, decidió darle un nuevo aire al local e inició unas reformas. Poco podía sospechar que cuando los albañiles picaran las paredes, encontrasen los cuerpos momificados de dos mujeres. Cundió el terror en Madrid.
Santiago S. J. P. , «El Legionario»
Santiago, era el antiguo regente del mesón. El hombre había sido legionario durante un tiempo, pero terminó siendo expulsado a causa de su carácter violento. Tras dar tumbos aquí y allá, decidió volver a Madrid. Allí le esperaba la casa de su madre, con la que nunca se había llevado demasiado bien. La convivencia entre ambos fue muy difícil, sobre todo porque Santiago no encarrilaba su vida y se dedicaba a beber hasta caer desmayado. La madre, cansada de ver a su hijo así, echo mano de su amistad con un subcomisario de la policía de la capital y le pidió ayuda. El oficial, le ofreció que Santiago llevase el mesón del cual era propietario para que el ex-legionario tuviese responsabilidades y sintiese que podía forjarse un buen futuro.
A la progenitora de Santiago le pareció una excelente idea siempre y cuando regentase el local junto a su hermano, el hijo favorito de los padres. Así fue como en 1986 «El legionario» se puso al frente del mesón.

Santiago: acomplejado, alcohólico e impotente
El Lobo Feroz, situado en pleno centro de Madrid, no supuso ningún aliciente para Santiago. La clientela pasaba de largo, y aquel nuevo fracaso agudizó el alcoholismo del hombre. Algo diabólico debió activarse dentro de él cuando el 22 de agosto de 1987, tras requerir los servicios de una joven prostituta y no ser capaz de consumar el acto a causa de su impotencia, comenzó a golpear a la muchacha salvajemente. Después, mientras la joven yacía malherida en el suelo, Santiago agarró un cuchillo jamonero y la apuñaló hasta matarla. Tras cometer el terrible crimen, se desmayó.
Cuando volvió en sí, se limpió la sangre y volvió a su casa como si nada hubiera pasado. Dos días después volvió al lugar de los hechos para adecentarlo. Sin pestañear, cogió el cadáver de la muchacha y la emparedó en el sótano. Para que no se notase el yeso fresco, colocó delante unas cuantas cajas de cerveza. Luego, continúo con su vida tranquilamente y se marcó a Elche a la boda de su hermano. Terrorífico.
Un nuevo crimen en el Lobo Feroz
El 12 de octubre de ese mismo año, el asesino volvió a buscar a una prostituta. Una vez más fue incapaz de tener sexo con ella y la pobre mujer corrió la misma suerte que la primera. La emparedó junto a la otra mujer, pero en esta ocasión decidió tapiarlo todo con baldosas. Santiago comenzaba a sentir placer matando. Aún así, no tuvo un nuevo impulso criminal hasta el 22 de diciembre. El modus operandi fue el mismo: ir a buscar a una trabajadora sexual y llevarla al mesón.
Sin embargo, en esta ocasión la mujer le hizo frente. Luchó con él para salvar su vida, y gritaba tan fuerte, que consiguió que los vecinos la escuchasen y llamasen a la policía. Los agentes llegaron rápido, evitando así que la víctima terminase siendo estrangulada por el criminal. Ante la escena dantesca que se encontraron, decidieron arrestar a los dos, ya que cada uno contaba una versión diferente. Uno aseguraba que la mujer le había intentado robar y la otra, desesperada porque la creyeran, les aseguraba que aquella mala bestia había querido asesinarla. La policía, sin tener claros los hechos, decidieron dejar a ambos en libertad. Aquello debió asustar mucho a Santiago, quién decidió dejar de regentar el «Lobo Feroz» sin dar demasiadas explicaciones.
…Y es entonces cuando la policía comienza a hilarlo todo
Una vez que el Mesón del Lobo Feroz tiene un nuevo dueño a finales de 1988, comienza a hacer obras para ponerlo a su gusto. El 23 de enero del 89, los albañiles se llevan el susto de su vida al encontrar los cadáveres de las dos mujeres. Inmediatamente llaman a la policía, y en cuanto comienza la in investigación, recuerdan los hechos que sucedieron un par de años atrás en el mesón. Imagino que la palabra eureka apareció en sus mentes, porque rápidamente fueron en busca de Santiago.
No tardó mucho en ser acusado de los crímenes. El juicio no se celebró hasta 1991, como era previsible, el antiguo legionario fue encontrado culpable y condenado a setenta y dos años de prisión. Como era previsible también, no cumplió toda la condena. Dentro de la cárcel estudió el bachillerato y tuvo un comportamiento muy bueno, así que en el 2004 decidieron dejarlo en libertad porque los expertos consideraron que ya no suponía un peligro para la sociedad.
A fecha de hoy no se sabe nada del asesino del Mesón del Lobo Feroz, unos dicen que logró tomar las riendas de su vida y otros cuentan que desapareció. Solo esperamos que realmente no volviese a las andadas lejos de Madrid.
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