Babel o El muerto

EL CUENTO DOMINICAL DE MR. HYDE

Un coche fúnebre se detiene frente a un taller. El conductor se dirige al empleado.  

—Hola, primo. Se me pinchó un neumático. A esta hora y con este calor.

El empleado lo mira, huraño. El funerario se pasa un pañuelo por la frente. Lleva camisa blanca y el corbatín ajustado por un  prendedor de latón: una joya falsa.

—El muerto era muy grande; el neumático no resistió.

El empleado se endereza en su banqueta. Dice:

—Me vas a fatalizar el negocio. Si toco ese neumático me comerá la mala suerte, y yo tengo una familia que mantener.

El funerario se pone las manos en la cintura.

—No me digas… ¿Y yo no tengo familia?

El empleado se pone de pie, argumenta:

—Si no hubieras detallado al muerto, yo te hubiera hecho el trabajo. Pero ahora no pongo una mano sobre ese neumático.

—Pudo ser peor —dice el funerario—, se pudo haber pinchado mientras trasladaba el cadáver, y entonces lo hubiera tenido que traer conmigo.

—Si lo hubieras traído sin mencionarlo, hubiera hecho el trabajo —persiste el empleado—: te solucionaba el problema sin mirar para el carro y ya. Entiéndeme: aquí lo malo es que mencionaste al muerto.

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