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Fotos: Cortesía Albert Domènech.

Reconozco que supe de la existencia del redactor jefe de «La Vanguardia» Albert Domènech, gracias a la docuserie de Rocío Carrasco. Los análisis honestos y meticulosos que realizaba de cada capítulo hicieron que me enamorase de su profesionalidad. Albert no buscaba nada más que decir lo que pensaba. Sus intenciones eran limpias, claras y brillantes.

Desde pequeña he sentido admiración por la profesión periodística. No sé la razón, pero se me antojaban una especie de caballeros y damas en busca del Santo Grial. Con los años, me fui desencantando y teniendo una visión menos romántica del periodismo. Veía poca honestidad y muchas ganas de decirles a los demás qué deben hacer o pensar. Con Domènech volví a tener las mismas sensaciones de cuando era cría. Un caballero que dice y hace lo que cree correcto. Siempre dispuesto a afrontar las consecuencias cuando la causa lo merece. Para mí fue un placer conocerle y una satisfacción enorme que me concediese esta entrevista. Espero que la disfrutéis.

«Lo indispensable en cualquier sociedad sana es tener sentido del humor»

¿Qué queda en ti de aquel niño que iba a la cabalgata de Reyes para hacer entrevistas al público, y si era posible, también a sus majestades?

Afortunadamente, ese niño no ha desaparecido. Soy de los que piensa que la vida es muy corta, y además siempre ves cosas a tu alrededor que te hacen pensar. Así que creo que es urgente y necesario conectar con ese niño interior para pasarlo lo mejor posible. A ese niño que iba a la cabalgata en busca de entrevistas le importaba muy poco si el audio se grababa bien o si conseguía entrevistar a los Reyes, lo importante era la ilusión con lo que lo hacía. Eso no lo he perdido.

¿No crees que la gente que se toma demasiado en serio termina siendo muy aburrida?

Sí. Creo que nos estamos volviendo una especie de robots aburridos. Entiendo que vivimos en una sociedad que cada vez tiene más problemas emocionales y neuróticos. Parece que lo hagamos todo para que los demás no se enfaden. Nos importa en exceso el qué dirán. Por eso me gusta mucho la gente con personalidad, y cuando hablo de personalidad, me refiero a aquellos que hacen lo que les apetece en cada momento. Igual no estoy de acuerdo con su proceder, pero admiro a que no estén pendientes de las opiniones los demás. Lo indispensable en cualquier sociedad sana es el sentido del humor. Reírse de uno mismo es muy sano, y también saber hacerlo con o de los demás sin intención de hacer daño.

El sentido del humor es un signo de inteligencia…

Para mí sí. Creo que las respuestas más dolorosas, entre comillas, son las que tú devuelves con humor porque la otra persona se queda descolocada. Ellos esperan dañarte, y cuando ven que lejos de eso te regocijas del comentario, se produce una especie de cortocircuito en el otro. De ahí que yo, dentro de lo posible, siempre intente usar la ironía, la sátira y el humor para responder determinadas cosas. Creo que es lo mejor, porque la disputa dialéctica no nos lleva a ningún lado.

Debemos entender que hay momentos en los que no nos pondremos de acuerdo y no pasa nada. Lo más importante es respetar las opiniones. No tenemos que obligar a los demás a que piensen como nosotros. Por eso tirar del humor es inteligente, porque te permite desrelativizar esas disputas dialécticas para que no terminen en radicalización o fanatismos.

«El extremismo de algunos, nos lleva a los medios de comunicación a polarizarnos y radicalizarnos para vender más nuestra postura»

Hoy por hoy, creo que se ha perdido el arte de debatir. Ahora se combate, ¿no te parece?

Sí, por eso yo he sido muy crítico con los movimientos sociales multitudinarios si luego no sabes salir de ellos. Un ejemplo, son las mareas en el caso de la prensa del corazón. Evidentemente estoy generalizando porque sí hay gente que sabe gestionarlo bien. Muchas veces existe la necesidad de pertenecer a un grupo en cuanto a las opiniones, y esto puede derivar en que nos relacionemos solo con la gente que piensa como nosotros. Y claro, así nos estamos perdiendo muchos puntos de vista.

En ningún momento digo marea sí o marea no, solo intento decir que hay que tener cuidado a la hora de rodearse únicamente de personas que piensan como tú. Es algo muy cómodo a corto plazo, pero a la larga te está penalizando como ser humano porque estás perdiendo la oportunidad de conocer otros puntos de vista que te puedan enriquecer.

Albert, la sociedad está cada vez más polarizada. ¿Crees que empezaron los medios con dicha polarización y nosotros la copiamos o ha sido al revés?

Creo que es lo segundo. Hasta ahora, lo que sucedía es que los medios de comunicación eran altavoces imprescindibles en la comunicación unidireccional. Es decir, yo soy el medio de comunicación y tú eres el receptor de mi mensaje. No había más. ¿Qué está sucediendo con la evolución social y tecnológica? Que cada vez el público demanda más ser partícipe de lo que sucede. Los medios de comunicación estamos aprendiendo, a marchas forzadas, que aquella máxima que antes existía de que se habla de lo que nosotros decimos está cambiando.

A veces, nosotros contamos cosas que a la gente no le interesa y no nos queda más que averiguar sus intereses para hablar de ellos. En este proceso, no sé si se produce un un contagio mutuo y una cosa lleva a la otra. El extremismo de algunos nos lleva a los medios de comunicación a polarizarnos y radicalizarnos para vender más nuestra postura. Creo que es un bucle en el que hemos entrado.

» El objetivo principal del periodista es informar y ser un bien social»

En una ocasión, escuché unas grabaciones entre los periodistas David Cuevas y Martín Semprúm. Este último pertenecía al diario «Pueblo» en los años 70, y fue el que dio publicidad al caso de las caras de Bélmez. En dichas grabaciones (hechas por Cuevas en su investigación sobre las caras), ambos se mueren de la risa cuando Semprúm le pregunta irónicamente a Cuevas : «¿Es que tú te crees todo lo que pone en los periódicos? Reconozco que dichas palabras me hirieron e hicieron pensar si los medios nos tomáis el pelo de manera generalizada.

Desgraciadamente, es un chascarrillo recurrente en la profesión. Yo no sería tan contundente en el mensaje como para creer que los medios de comunicación piensan que la gente es tonta o quieran tomarle el pelo a nadie. Sí es cierto que debemos entender que, desde que no es el propio público el que mantiene al medio con sus suscripciones sino que es un modelo basado en publicidad y en ayudas, la profesión es un negocio. Hay veces en las que el periodista es consciente de que las noticias que da, o la forma de darla, se da así porque hay ciertos intereses económicos. También es cierto que esto sucede menos de lo que la gente piensa.

Supongo que al convertirse en un negocio se resiente un poco la libertad…

Cuando formas parte de un medio de comunicación grande, sabes que ese medio estará sujeto , por suerte o por desgracia, a las directrices del propio negocio. Yo apuesto por un periodismo libre, lo que pasa es que la única manera que veo de practicarlo hoy en día es a través de un blog personal donde no tengas que rendirle cuentas a nadie. Por lo tanto, no despreciaría tanto a los bloggers como a veces se hace. A mí me da igual que tú no seas periodista siempre y cuando se sigan unos parámetros. En el momento en el que estás en un medio de comunicación, es difícil decir que ejerces el periodismo libre al cien por cien.

Luego, también está el carácter de cada persona o periodista. Me duele que en ocasiones se generalice, pero lo puedo entender porque cada vez son más las propuestas sin escrúpulos. Creo que el oficio está dañado gravemente, especialmente en términos de credibilidad. La profesión necesita curarse y reenforcarse en el objetivo principal del periodista: transmitir una información y ser un bien social. No un negocio.

«La violencia de género y la violencia vicaria, son temas que se deben ser abordados con seriedad y no desde el punto de vista del negocio»

Albert, ¿qué sentiste al ver la docuserie de Rocío Carrasco? Bajo mi punto de vista, fue lamentable la tremenda presión que se llegó a ejercer para fomentar el pensamiento único tanto en la cadena como en la opinión pública.

Tuve sensación de fracaso. Fracaso como sociedad, como medios de comunicación…fracaso por exigir que hubiera una postura única. Tuve también sensación de fracaso por intentar vender algo tan sensible como la violencia de género y la violencia vicaria. Temas que se deben abordar con seriedad y no desde el punto de vista del negocio. Si yo fuera profesor de universidad, pondría la docuserie y su envoltorio como claro ejemplo de lo que periodísticamente no se debe hacer. Para mí la docuserie ha marcado un antes y un después como profesional.

Cuando ves que tienes que analizar algo donde los propios medios de comunicación están haciendo volar por los aires todos lo códigos de la profesión, y además, te ves obligado a lidiar con la radicalización de la gente que no van a entender el mensaje por muchos vídeo que hagas (en los cuales nunca he ido en contra de la figura de Rocío Carrasco), la palabra que me sigue viniendo a la mente es fracaso. Y Dicha palabra se mantiene cuando veo cómo canales de Youtube cambian de discurso por interés. No critico que se pueda cambiar de discurso siempre y cuando se haga con argumentos.

Hablando de Youtube, hace más de una año abriste tu propio canal con mucho éxito, ¿alguna vez has sentido la tentación de cerrarlo? ¿Cómo se pueden esquivar todas las polémicas de la plataforma y no morir en el intento?

La primera pregunta te la respondería con otra : ¿me compensa? La respuesta es sí. Me compensa, porque no paro de recibir mensajes de personas que agradecen que hayas ofrecido otro punto de vista. También recibo mensajes de personas que te cuentan cosas que te conmueven. En alguna ocasión, me han dicho que se entretienen conmigo mientras están recibiendo una sesión de quimio, es algo que te toca el corazón. Pero no te voy a negar que alguna vez me he planteado cerrar el canal.

Tú no estás en Youtube para tener éxito y forrarte. Evidentemente, a todos nos gusta vivir de lo nuestro. Mi canal es un negocio, nunca lo he negado, pero dentro de los negocios hay maneras de llevarlo. Y yo lo hago de la manera que a mí me gustaría como espectador.

«En algunas redes sociales se sigue protegiendo a quienes los hacen mal»

¿Y sobre lo de esquivar las polémicas…?

Tienes que entender que van a acabar salpicándote. La gente tóxica y destructiva ha existido siempre. La única manera de no morir en el intento, como tú dices, es saber darle importancia solo a las cosas y comentarios que la tienen, que son los que vienen de aquellos que te aprecian. Son personas que te hacen un comentario crítico desde el cariño y te alertan de que algo no funciona. Hacer demasiado caso de comentarios generales, tanto para bien como para mal, es peligroso.

Albert, eres una persona muy acosada en las redes. De hecho, en una ocasión te tuviste que alejar durante un tiempo por el continuo bombardeo tóxico. ¿Cómo podría acabarse con estos acosadores virtuales? Es lamentable que siempre sea la víctima la que acabe marchándose.

La víctima se marcha por salud mental. Aquello que no vemos no nos daña. También nos marchamos porque vemos que no existen reglan del juego ni semáforos. Soy una persona pública que opina cada día, obviamente no vamos a demandar que solo nos digan cosas que nos agraden. El problema viene cuando no buscan hacerte una simple crítica negativa, sino el acoso y derribo. No solo no les gustas, además quieren ir a por ti. Algo que nunca comprenderé. También te digo que debemos tener cuidado a la hora de usar el término acoso, porque a veces se utiliza muy a la ligera.

Pero a ti sí que te lo han hecho…

Sí, yo así lo he sentido. No es acoso si simplemente te critican y todo queda ahí. Existe otra fase, que muchos hemos sufrido, en la que te quieren hacer daño más allá del comentario buscando que te echen de tu trabajo o mintiendo sobre ti. Yo entré a Twitter muy motivado, con muchas ganas de dialogar con todo el mundo. Me he dado cuenta de que en las condiciones actuales de las redes sociales es imposible. Además, en algunas redes sociales se sigue protegiendo a quienes los hacen mal. Los protegen dándoles el mismo protagonismo sin necesidad de identificarse, y la facilidad de crearse cuentas nuevas cuando les cierran otras. Con lo cual, ¿dónde está el castigo?

Si jugamos todos, deberíamos hacerlo en las mismas condiciones. Que cada comentario sea rápidamente identificable y que la gente que cometa un delito pague por ello. Me da la sensación de que entrar en Twitter y decirle a alguien que es un maltratador sale gratis cuando es algo muy serio. A mí me han llegado a decir que estoy a favor de la violencia de género, una de las cosas que más me ha podido doler. Les da igual machacar vidas, porque el único precio a pagar es que les cierren la cuenta. Hasta que esto no se regule, nada va a cambiar.

Y por último, ¿crees que la pandemia nos ha hecho mejores como los más ilusos pensábamos?

Quien ha querido replantearse las cosas con la crisis de la pandemia, sí está intentando cambiar. En general, hemos aprendido a lidiar con la inestabilidad y con los imprevisible. No podemos tenerlo todo planeado. Por otro lado, hay quien no solo no ha cambiado para bien sino todo lo contrario. Y aquellos que no lo han hecho con esto, permíteme que dude que lo hagan alguna vez.

3 comentarios

  1. Gracias por acercarnos un poco más a la persona, a sus pensamientos e inquietudes. Conocerle, para mí, ha sido una de las mejores cosas que me han pasado estos últimos meses.

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